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Joel: Hola.
Clementine: Hola. Creía que no volverías a dar la cara. Pensé que te sentirías humillado, al fin y al cabo saliste huyendo.
Joel: Necesitaba verte y… me gustaría invitarte a salir.
Clementine: Estás casado.
Joel: Aún no, no estoy casado. No, no lo estoy.
Clementine: Pues tío, te lo diré sin rodeos: salgo muy cara. De modo que no pasaré con pies de plomo por tu matrimonio o por la relación que tengas. Si quieres estar conmigo será conmigo.
Joel: Vale.
Clementine: Muchos hombres creen que soy un concepto, o que quizás les complemento, o que voy a darles vida. Sólo soy una mujer jodida que busca su paz de espíritu, no me asignes la tuya.

Clementine: Hola. Creía que no volverías a dar la cara. Pensé que te sentirías humillado, al fin y al cabo saliste huyendo.
Joel: Necesitaba verte y… me gustaría invitarte a salir.
Clementine: Estás casado.
Joel: Aún no, no estoy casado. No, no lo estoy.
Clementine: Pues tío, te lo diré sin rodeos: salgo muy cara. De modo que no pasaré con pies de plomo por tu matrimonio o por la relación que tengas. Si quieres estar conmigo será conmigo.
Joel: Vale.
Clementine: Muchos hombres creen que soy un concepto, o que quizás les complemento, o que voy a darles vida. Sólo soy una mujer jodida que busca su paz de espíritu, no me asignes la tuya.

[Tiempo después]
Joel: Recuerdo muy bien ese discurso.
Clementine: Te tenía fichado, eh?
Joel: Tenías fichada a la raza humana.
Clementine: Es posible.
Joel: Seguía creyendo que me salvarías la vida, incluso después de eso.
Clementine: Lo sé.
Porque todos hemos creído que llegaría alguien a salvarnos del día a día, que haría que nuestros labios no supieran nada más que sonreir, que llenaría las tardes de cafés infinitos y las noches de cohetes de feria.
Porque todos nos hemos desengañado, hemos tirado la inocencia por el retrete y hemos salido corriendo sin ninguna dirección para volver de nuevo con una venda en los ojos, que nos permita seguir ciegos de esperanza al menos un ratito más.
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