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miércoles, 8 de abril de 2009

El peso de la razón

miércoles, 8 de abril de 2009
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En estas fechas en las que tantos parecen embriagados de fe me paro a pensar si soy yo la chica rara que lo racionalizó todo y acabó por no creer en nada, o son ellos los simples que no buscaron el tiempo para sacar sus propias conclusiones y tomaron algunas prestadas.

Así que sin ánimo de ofender, ¿alguien puede explicarme cómo se puede creer sin ver, sin oír, sin sentir, sin tocar el mundo con algún sentido digno de llamarse real?




"No digas que tienes miedo de confiar en tu mente porque sabes tan poco ¿Estás más seguro abdicando ante los místicos y descartando lo poco que sabes? Vive y actúa dentro de los límites de tu conocimiento, y continúa expandiéndolo hasta el fin de tus días. Redime tu mente de la casa de empeños de la autoridad. Acepta la verdad de que no eres omnisciente, pero que convertirte en un zombi no te dará omnisciencia -que tu mente es falible, pero abandonarla no te dará infalibilidad- que un error al que hayas llegado tú mismo es más seguro que diez verdades aceptadas por la fe, porque el primero te deja con los medios para corregirlo, pero las segundas destruyen tu capacidad para distinguir la verdad del error."

La Rebelión de Atlas. Ayn Rand



PD: Tengo una recomendación cinematográfica relacionada con el tema y bastante interesante, la película se llama “The man from Earth” y si le pudiera quitar los últimos cinco minutos sería genial. Aún así merece la pena, por lo menos incita a pensar por uno mismo.
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miércoles, 11 de febrero de 2009

A punto de casi todo

miércoles, 11 de febrero de 2009
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“Al fin y al cabo, qué hay de malo en arriesgarse. O mejor, qué hay de bueno en no arriesgarse. Sufrir de lo mismo que sufrimos ya, pero más tarde. Seguir como estábamos, pero con menos tiempo para estar como estábamos. En definitiva, estar peor que estábamos, pero encima creyéndonos que estamos igual.

Arriesgarse es enfrentarse a decibelios de envidia. Sufrir de sordera ante el qué dirán. Pero es que es comprensible que genere envidias alguien que decide atenerse a las consecuencias de vivir la vida de uno, y no la de los demás.

A cada instante, una gran parte del mundo está a punto de casi todo. Él a punto de llamarla, ella a punto de cogerlo, el otro pensando si debería, aquella decidiendo si lo hace o no. Malos a punto de ser buenos, buenos a punto de hacerlo peor.

Oportunidades a punto de crisis, trabajos a punto de paro, relaciones a punto de caramelo, infidelidades a punto de perder su fe. Todos paralizados por no plantearse qué es lo peor que les puede pasar, qué es lo mejor que les puede dejar de pasar.

Hoy rompo todas mis lanzas por aquellos que se arriesgan.

Y caen.

Aunque sea en la cuenta."


Extracto del artículo: El no ya lo tienes. Risto Mejide.
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sábado, 20 de diciembre de 2008

Ganado de viernes

sábado, 20 de diciembre de 2008
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La música alta y unas cuantas copas de más y volvemos a ser carne de cañón. Buscamos un objetivo entre caras desconocidas siguiendo los patrones de la selección natural (como buenos animales de compañía que somos…) para volver a casa con un trozo de carne como trofeo.

Y luego… nada más. A volver a contar los días que quedan hasta el próximo fin de semana, a sobrevivir con las migajas que el amor se dejó por el camino.




Sobreviviré en casas de cantos, comeré de la ilusión,
me vestiré de versos, de palabras, me buscaré en cada flor.
Como mariposa que de gusano pasa al reino del color.
Esperaré sentado, como siempre he esperado,
el último verso, que destruya mi escenario.

Me he alquilado unas retinas para ver lo que me queda
en esta vida de mentiras, y tengo en casa golondrinas
que me cuentan que me esperas sentada en la orilla.
Esperaré sentado, como siempre he esperado,
el último verso que destruya mi escenario.


El último verso. Carlos Chaouen

jueves, 11 de diciembre de 2008

Cuestión de educación

jueves, 11 de diciembre de 2008
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¡Por mí y por todos mis compañeros!




Pero, ¿por mí primero?

martes, 21 de octubre de 2008

Rebelión en la cama

martes, 21 de octubre de 2008
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Hace tiempo leía un blog que perdí de vista, pero todavía guardo algunos pedacitos que merecen la pena:

"Y también llego el día en que mi cama se rebeló.

Iba a acostarme, acababa de ponerme el pijama y mullir la almohada cuando, al ir a retirar las mantas la cama exclamó “¡No, otra vez tú!”. Como ya no era ningún mozalbete impresionable y sabía que cosas así nunca pueden descartarse por completo, mi estupefacción no duró más que unos segundos, durante los que me mentalicé para la que presentía, sería la conversación más extraña que tendría aquel mes.

-¿Cuál es el problema? nunca te has quejado. De hecho nunca has dicho nada, ni siquiera sospechaba que pudieras hablar- me interesé, retomando la posición erguida.

-Estoy harta de que siempre duermas aquí.

-Eres mi cama, ¿Dónde quieres que duerma?- la interrumpí con toda lógica

-Y son las diez de la noche, ¡Un viernes! ¿No te da vergüenza acostarte tan pronto?

-No.

-Bufff- resoplo la cama- Y además sólo, ¿Hace cuanto tiempo que no traes a nadie?

-No lo recuerdo- admití.

-Me aburro tanto…me siento tan inútil…-comenzó a autocompadecerse la cama.

-Esta bien, mañana hablaremos de ello, ahora tengo sueño- dije, recostándome sobre ella.

-¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Qué asco! ¡Qué asco tu tacto!- chilló fuera de sí, poniéndose áspera y urticante hasta que me picó todo el cuerpo y tuve que incorporarme de un salto.

-¡Basta! Eres mobiliario; y por tanto irracional.

-¡La razón! ¡La diosa razón! ¡Siempre la razón!... todos esos importantísimos libros que lees antes de dormir y que luego dejas tirados encima de mí…como si fuera una vulgar estantería. No fui diseñada para eso, sino…sino… ¡Para el amor!- exclamó, emocionándose con sus propias palabras y llorando calcetines.

-¡Cielos, es repugnante! Está bien, ¿Quieres que traiga a alguien?, de acuerdo, lo traeré, pero quién o qué será, eso no lo puedo asegurar, sólo espero que con eso te calles y me dejes dormir en paz.- dije mientras me cambiaba de ropa de nuevo, apresuradamente, y me disponía a salir hacia el centro, dejando a la cama sola con sus desvaríos.

Unas horas después, agotado y apestando a humo, irrumpía en la habitación seguido de una abogada que hacía observaciones aleatorias acerca del futuro y de la música, mientras terminábamos de desvestirnos. Yo por mi parte reparé en que la cama había aprovechado mi ausencia para arreglarse; estaba aseada, fresca, con sábanas nuevas.

Tampoco tardé mucho en percatarme de que, tendida sobre ella, con esas medias de rejilla, la abogada parecía un jamón cocido. Su actitud también era la de un jamón cocido. Dudaba si ahumarla. Pero a ella, a la cama, no parecía importarle, parecía haber vuelto al mutismo propio de los buenos muebles y no emitió más que un hondo chirrido de placer, cuando sin pensármelo demasiado, me incluí en la abogada y empecé a penetrar su cuerpo vacío de información.

No me quedó claro si todo este esfuerzo había merecido la pena hasta que, tras un descanso que se tornó definitivo, considerando que podía hablar con libertad, me volví hacia el colchón y pregunté – ¿Estás contenta? ¿Me dejarás ya dormir?- y como contestación no obtuve mas que un delicioso, cálido, silencio."

Enrique Garret.


Siempre fue más fácil llenar la cama que el corazón, que le vamos a hacer...