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jueves, 19 de febrero de 2009

Irreversible

jueves, 19 de febrero de 2009
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Me he preguntado muchas veces en qué condiciones la vida merece la pena. ¿Qué hacer en ese momento en el que más que vivir sobrevives? ¿Dónde se busca la emoción cuando el cuerpo no responde, cuando la mente ya sólo sabe dejarse llevar? ¿Cuál es el punto en el que uno se resigna a esperar a la muerte?

Debería ser hoy, tenías que haber aguantado, yo necesitaba que lo hicieras, pero adelantaste la fecha de caducidad, te quedaste viéndolas pasar y eso marcó la diferencia. Ojala ese abismo no hubiera existido, siempre esperé que algo cambiara las cosas, pero una palabra ha zanjado mis esperanzas. Irreversible ha sido el espacio que va justo antes del punto final de esta historia. Ahora ya sólo me queda esperar la muerte de las flores que he visto marchitarse.




Creo que este invierno se ha cobrado un precio demasiado alto, me he tenido que recomponer tantas veces que hay días que ni siquiera me reconozco. He dejado de creer ya que la adversidad alimente el valor, hoy creo que tan solo alimenta el lastre de este corazón cuarteado.
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domingo, 8 de febrero de 2009

Ocho puñales de febrero

domingo, 8 de febrero de 2009
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Ocho puñales que se me clavaron el pecho antes de contar hasta cien.

Un año entero apretando los dientes, sujetando las lágrimas para no mojar tu recuerdo, para no estropear el optimismo que me regalaste, para que nadie vea que me quedé como un árbol sin raíces cuando las campanas tocaron por ti.

Dicen que lo que la vida te da también te lo quita, pero en mi ambición quise que detrás de contigo fuera un siempre. Hasta que se nos puso en medio un día soleado y frío de febrero que te arrancó a ti las fuerzas y a mí las ganas. Y nos quedamos secos y quietos, pegados a la pared para ver la vida pasar en esos días en lo que todo lo que queda son despojos de las tardes de domingo.

Golpes y tierra para enterrar las heridas que nunca cierran, que perdieron el derecho a cicatrizar, porque el día que dejes de dolerme me habré convertido en estatua de sal. Pero reciclaré las penas, las echaré a la hoguera y dibujaré con las cenizas siete palabras que rescatarían del infierno al más triste y marchito de los hombres, esas que me regalaste cuando yo estaba demasiado perdida.

Te echaré de menos a rabiar otro año u otros cien, pero sé que lo que dejaste en mí resurgirá algún día y ya no llevará los ojos húmedos, sino aquella sonrisa que derretía el mundo y me hacía entender que la vida, afortunadamente, siempre será demasiado corta.




“Memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.

Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.

Colores que a sus ausencias
—mientras haya—
siguiendo a la luz se marchan
y siguiéndola regresan.

Tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando
—mientras haya—
amanecer de poema.

Mientras haya lo que hubo ayer,
lo que hay hoy,
lo que venga.”


Confianza. Pedro Salinas
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viernes, 9 de enero de 2009

Nieve en la ventana

viernes, 9 de enero de 2009
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"Viajero que regresas a esa ciudad del Norte
donde una dulce nieve empapa la razón,
donde llegan los barcos cargados de preguntas
a muelles laboriosos como mi corazón.

Háblale de mi vida, las autopistas negras
que atraviesan volando mi terca soledad,
esa gente que pasa por la calle, llevando
mi pensamiento al otro lado de la ciudad."


Cuando aprieta el frío. Joaquín Sabina



Calada hasta los huesos. Muerta de frío. Pero más feliz que una perdiz. Y todo por culpa de esas cositas blancas que caían del cielo.
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lunes, 24 de noviembre de 2008

A la sombra de un radiador

lunes, 24 de noviembre de 2008
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Hay días que el frío te cala hasta los huesos, esos en lo que el verano queda tan lejos que apenas recuerdas el tacto del sol en la piel. La piel de gallina y el cuerpo estremeciéndose, buscando mantas bajo las que esconderse a falta de calor humano.

Hay días en los que el viento le arranca a uno las lágrimas que las penas no le hicieron derramar, y entonces el ambiente se llena de muecas de dolor, de suspiros y temblores al ritmo de las monturas de los jinetes del Apocalipsis.

Hay días en los que el invierno hiere como si sostuviera en sus manos miles de puñales apuntando al pecho de los que se negaron a rendirle pleitesía. Amenazador y callado, usurpando el calor de la sangre bombeada por los corazones del verano.

Hay días en los que lo mejor que uno puede hacer es enamorarse de un buen libro y pedirle que se vaya a la cama contigo. Siempre escondidos a la sombra de un radiador…



Se acabó el tiempo de las cerezas, se acerca el invierno.