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viernes, 12 de marzo de 2010

Healing

viernes, 12 de marzo de 2010
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Me faltan tiritas para curarte el pasado, para venderte un futuro mejor en el que casi no creo ni yo. Me duele y me repara a la vez el hecho de verte desprotegido, mucho más desnudo que cuando te quitas la ropa, mucho más abierto en canal de lo que yo me atrevería a mostrarme jamás.

Me enternece esa entrega, porque las palabras difíciles son las que más cuesta regalar. Y siento envidia de tus frases claras, y quiero partir mis cerrojos, y saltarme mis propias murallas, pero siempre hay realidades que lo impiden, esas otras frases que me saben mucho más amargas, que quieren morir a medio camino entre tu garganta y mis oídos, pero que sobreviven siempre, crueles y directas, cubiertas por el amargo bálsamo de la verdad.

Pero a pesar de eso quiero elevarme con el tono de tu voz y bajar después reptando a tus caderas, enloquecer a las yemas de mis dedos mientras olvidan el pedazo de historia que me niego a admitir como propio. Por eso sigo entrenando a mis pies para que se mantengan pegados al suelo cuando haces que me ponga de puntillas para tocar el cielo de tu boca. Porque hay que admitir que la gravedad después de todo me ha anclado para no despegar, para no ir nunca más allá de las fronteras que trazan las siluetas de tu habitación.

Y sin embargo me repara quedarme enredada a las pompas de jabón que son algunas mañanas de domingo, acostumbrándome a este limbo de días impares, a esta existencia despegada y exquisita, al ambiguo sentimiento de no saber sucumbir más que a lo que dicta cada poro de mi piel.

Después de todo ya hemos aprendido a limpiarnos las heridas con alcohol, a acariciar cicatrices y a calmar la sed de los días fracasados entre salivas tibias. Por eso, cuando me hablas en la oscuridad y la confianza se vuelve algo más sólido que las historias hechas de algodón de azúcar sé que he ganado, que no sé qué, pero que después de los despieces internos y las reconstrucciones aceleradas al fin puedo bordarme una sonrisa de medio lado y quedarme dormida en mi lado de la cama, al menos por un rato…


"But I know from your eyes
and I know from your smile
that tonight will be fine,
will be fine, will be fine,
will be fine for a while..."



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sábado, 27 de diciembre de 2008

La primera versión

sábado, 27 de diciembre de 2008
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Diez años, cuatro meses y veinte días han pasado desde la primera vez que dije “esta noche: concierto”. Aquel día era Alejandro Sanz quien me esperaba subido a un escenario, y yo ni siquiera había cumplido los doce.

Recuerdo las mariposas en el estómago la tarde anterior, las prisas por llegar, el instante que duró horas cuando se encendieron las luces y el que encendió mis ojos al escuchar la primera nota. Lo recuerdo como si fuera ayer, afortunadamente en eso no me ha traicionado mi maldita memoria.

Hoy es otro quien me espera, alguien que llegó mientras le decía adiós a mi adolescencia, en algún punto entre Ciudad Real y Madrid. Captó mi atención al ritmo de Kamikaces enamorados, pero me convención al pie de un Rompeolas, y ese día, con el olor a Salitre48 en la piel me tatué a fuego cada acorde que habitaba en sus canciones.

Ahora vuelvo a notarlas ahí, al fondo de mi estómago, esas locas que sólo se encienden con los poemas tristes y las canciones lentas, esperando a Quique. Con las mismas ganas que hace diez años… afortunadamente.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Ganado de viernes

sábado, 20 de diciembre de 2008
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La música alta y unas cuantas copas de más y volvemos a ser carne de cañón. Buscamos un objetivo entre caras desconocidas siguiendo los patrones de la selección natural (como buenos animales de compañía que somos…) para volver a casa con un trozo de carne como trofeo.

Y luego… nada más. A volver a contar los días que quedan hasta el próximo fin de semana, a sobrevivir con las migajas que el amor se dejó por el camino.




Sobreviviré en casas de cantos, comeré de la ilusión,
me vestiré de versos, de palabras, me buscaré en cada flor.
Como mariposa que de gusano pasa al reino del color.
Esperaré sentado, como siempre he esperado,
el último verso, que destruya mi escenario.

Me he alquilado unas retinas para ver lo que me queda
en esta vida de mentiras, y tengo en casa golondrinas
que me cuentan que me esperas sentada en la orilla.
Esperaré sentado, como siempre he esperado,
el último verso que destruya mi escenario.


El último verso. Carlos Chaouen

martes, 2 de diciembre de 2008

Versiones a quemarropa

martes, 2 de diciembre de 2008
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Con toda la sencillez que tienen las cosas bonitas. Reinventando lo viejo, rellenando sus arrugas con encanto. Suave como el humo, fuerte como un disparo. No sé que tiene esta canción (y el correspondiente vídeo) que me llena y me vacía a su antojo. Será que siempre me han gustado las cosas que me remueven por dentro... esto debe ser aquello de "sentir fuerte".

Como yo te amo, nadie te amará.

Si yo quisiera y tú te dejaras, claro.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Historia de dos que soñaron

viernes, 21 de noviembre de 2008
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Parece que Coelho no fue tan ocurrente como yo pensaba... He aquí un cuento que encontré hace no mucho tiempo.

Cuentan los hombres que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió, menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño a un desconocido que le dijo:

-Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla.

A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros de los desiertos, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres. Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea. El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo y lo llevaron a la cárcel. El juez lo hizo comparecer y le dijo:

-¿Quién eres y cuál es tu patria?

El hombre declaró:

-Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Yacub.

El juez le preguntó:

-¿Qué te trajo a Persia?

El hombre optó por la verdad y le dijo:

-Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que la fortuna que me prometió ha de ser esta cárcel.

El juez echó a reír.

-Hombre desatinado -le dijo-, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín. Y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol, una higuera, y bajo la higuera un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, has errado de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no vuelva a verte en Isfaján. Toma estas monedas y vete.

El hombre las tomó y regresó a la patria. Debajo de la higuera de su casa (que era la del sueño del juez) desenterró el tesoro.

Gustavo Weil


PD: Para que veas que no eres el único al que le desmonto las historias...

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