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No hay nada más vigorizante que levantar las persianas a ritmo de canciones que se saben sobreponer a todo. Esas que les meten cuatro gritos a las cosas que intentaron hacerte sufrir y las deja amilanadas en un rincón.
Así que sumándole a eso una ducha hirviendo y un café doble, los dedos empiezan a sufrir espasmos, a escribir ingenuos y contentos que algunos sábados por la mañana no están hechos para ponerse el traje marinero y pasear por las aceras, sino para vestir los labios con carmín, calzarse un par de malas intenciones y salir a derretir las estatuas como si fueran figuras de cera.
Así que sumándole a eso una ducha hirviendo y un café doble, los dedos empiezan a sufrir espasmos, a escribir ingenuos y contentos que algunos sábados por la mañana no están hechos para ponerse el traje marinero y pasear por las aceras, sino para vestir los labios con carmín, calzarse un par de malas intenciones y salir a derretir las estatuas como si fueran figuras de cera.
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