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viernes, 26 de marzo de 2010

Los clavos que no dejaban de arder

viernes, 26 de marzo de 2010
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Siempre que me descubro escuchando como una yonki esa canción de Placebo sé que algo anda mal, que una de esas pequeñas piezas que dejé colocadas en un equilibrio inverosímil acaba de caer y que de repente todo el conjunto empieza a peligrar.

Me siento de nuevo como una funambulista de la emociones, mirando al frente para evitar caer al abismo de las mejillas húmedas y las respiraciones entrecortadas. Me concentro en mantener quietas mis rodillas, en no dejar que se pongan a temblar, en intentar llegar intacta una vez más al final de la cuerda. Pero entonces las nubes de tormenta vuelven a formarse sobre mi cabeza para convertir el trigo en campos de ortigas, la seguridad en dudas pasadas e irreversibles, la estabilidad de mis pasos en ridículos interrogantes que boicotean mi camino.

Y entonces, como un niño asustado sólo puedo meterme entre las sábanas, acurrucarme fuerte, respirar suave, apretarme por dentro para no deshacerme, lavar mis pestañas de alambre. Prometerme que será la última…y esperar a que pase…
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jueves, 17 de diciembre de 2009

Vendo pieles de gallina por calor de invernadero

jueves, 17 de diciembre de 2009
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Hago de tripas corazón con cada prenda que me quito, con cada preludio de desnudez que espera a ser escondido bajo el edredón para huir del invierno. Las agujas del reloj marcando la tres de la mañana sacuden mi cuerpo al compás del segundero, y yo tiemblo en tantas direcciones que pierdo de vista si sigo perdida en Madrid o en el centro mismo de la estepa siberiana.

Pero robando el tiempo en cada movimiento fugaz logro alcanzar por fin la templanza que el otoño todavía guarda entre mis sábanas, y así, sin que mis pies fríos despierten a nadie logro acabar el día, tranquila y tibia, abrazando la almohada, guiando los párpados cerrados hacia tierras donde huele como huele todo cuando llega el tiempo de las cerezas. Y lejos ya de este vapor de invernadero siento como el cuerpo se precipita lento, lento… lento, pero inevitable y directo hacia el regazo de Morfeo.

Ya no quedan más pieles que agitar, ya sólo queda el sueño.
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martes, 12 de mayo de 2009

Somnolencias

martes, 12 de mayo de 2009
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Nadie importante fue tan inexorable como lo son los sueños. Laberinto de ortigas donde perderse, donde amanecer con la miel en los labios y en las legañas. Lugar de ocio y de extravío en el que las entrañas no son más que el escenario de un teatro. Guión sin drama, frases sedientas llenas de bocas, impulsos que arrancan los postigos de las ventanas. Todo aquello de lo que tus ojos prescinden de día, aquí es donde tiene cabida, así que no busques razones, ni escrúpulos, ni peros, ni cuandos, hoy sólo quedaban salivas.



"No tienes cara, ni nombre, ni oficio ni beneficio. Eres sólo la sombra pegada a mi espalda, las manos que agarran, los dientes que arañan. Las balas arrancando a bocados el sudor de mi pecho. Un ladrón que esparce los pliegues de mi falda por el suelo.

No necesitas excusas, ni pides permiso. Tan sólo me atrapas, me cierras los ojos y me recuerdas que me sobran otros tres sentidos, y es que a fin de cuentas eres otra vez la noche implacable, cada “no” amordazado, los brazos que abrazan como un bolero. Resbalando siempre. Lento, lento… lento."





Qué bonito sería jugarse la vida, probar tu veneno.

Qué bonito sería arrojar al suelo la copa vacía...

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domingo, 14 de diciembre de 2008

My blueberry nights

domingo, 14 de diciembre de 2008
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Buscaba un plan para huir de la lluvia de una tarde invernal. Entré al cine sin saber muy bien que esperar, y encontré un frasco que guardaba las llaves que abren todas las puertas.

Empecé perdida, como buscando a alguien, nerviosa y confusa, con más miedo a encontrar respuestas que a seguir perdida en la oscuridad. Pero poco a poco la sala empezó a llenarse de un aroma a tarta recién hecha mezclada con una ración de tristeza (tan inherente una vez más a la felicidad) y conseguí dejarme llevar.

Tras varios números de malabarismos y un par de saltos mortales, trescientos días después volvemos al punto de partida para zanjar con besos las conversaciones inacabadas.




No se me ocurre una manera más dulce de describir la vida.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Con nocturnidad y alevosía

miércoles, 19 de noviembre de 2008
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Puede que no te faltara razón cuando decías que me gusta hacer cosas de noche. No sé que tendrá la bombilla de mi flexo que me resulta más inspiradora que cualquier rayo de sol.

Leer, escribir, desgastar los cascos de tanto escuchar música, hablar durante horas por teléfono, todo cambia de color si tiene el reflejo del cielo negro sobre mi cabeza. Todo sabe un poco mejor, un poco más auténtico.

Además parece que en la noche nuestra parte más oscura se ve disimulada, se escapa para correr entre las sombras de las farolas, se lleva nuestras corazas y nos deja desnudos en los portales. Temblando un poco, silbando el viento de los días de octubre. Siempre un poco más cerca de la mañana que aquellos a los que sus despertadores acostaron hace horas.

Es posible, que todos se equivocaran y el día comience con el ocaso. ¿Por qué no?