"En aquel tiempo yo tenía veinte años y estaba loco. Había perdido un país pero había ganado un sueño. Y si tenía ese sueño lo demás no importaba. Ni trabajar ni rezar ni estudiar en la madrugada junto a los perros románticos. Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu. Una habitación de madera, en penumbras, en uno de los pulmones del trópico. Y a veces me volvía dentro de mí y visitaba el sueño: estatua eternizada en pensamientos líquidos, un gusano blanco retorciéndose en el amor. Un amor desbocado. Un sueño dentro de otro sueño. Y la pesadilla me decía: crecerás. Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto y olvidarás. Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen. Estoy aquí, dije, con los perros románticos Y aquí me voy a quedar."
Los perros románticos. Roberto Bolaño
Puede que lo que falte sea un poco de romanticismo en toda esta cuestión. Aliñar la condena con quimeras. Volverme a vendar los ojos para encontrar el camino. Retroceder hasta esa noche de cuevas madrileñas en las que el mundo cabía en una jarra de sangría y algún chileno me apuntó el nombre de un poeta en un trozo de papel. Girarme y volver a escuchar que se puede ir a donde uno quiera, que no importa el destino, ni el origen, que sólo se vive de ganas. De modo que habrá que abrir bien los ojos y empezar a buscarlas.
Ya está bien de tanto ahogarme en un vaso de agua.
En estas fechas en las que tantos parecen embriagados de fe me paro a pensar si soy yo la chica rara que lo racionalizó todo y acabó por no creer en nada, o son ellos los simples que no buscaron el tiempo para sacar sus propias conclusiones y tomaron algunas prestadas.
Así que sin ánimo de ofender, ¿alguien puede explicarme cómo se puede creer sin ver, sin oír, sin sentir, sin tocar el mundo con algún sentido digno de llamarse real?
"No digas que tienes miedo de confiar en tu mente porque sabes tan poco ¿Estás más seguro abdicando ante los místicos y descartando lo poco que sabes? Vive y actúa dentro de los límites de tu conocimiento, y continúa expandiéndolo hasta el fin de tus días. Redime tu mente de la casa de empeños de la autoridad. Acepta la verdad de que no eres omnisciente, pero que convertirte en un zombi no te dará omnisciencia -que tu mente es falible, pero abandonarla no te dará infalibilidad- que un error al que hayas llegado tú mismo es más seguro que diez verdades aceptadas por la fe, porque el primero te deja con los medios para corregirlo, pero las segundas destruyen tu capacidad para distinguir la verdad del error."
La Rebelión de Atlas. Ayn Rand
PD: Tengo una recomendación cinematográfica relacionada con el tema y bastante interesante, la película se llama “The man from Earth” y si le pudiera quitar los últimos cinco minutos sería genial. Aún así merece la pena, por lo menos incita a pensar por uno mismo.
Cada cambio de temperatura me revuelve y me desorienta. Cada cambio de lugar no tan sólo me equivoca, me pierde y me extravía, sino que se bebe mis horas y empaqueta mis ideas. Será por eso que entre excusas y razones estos días no alcanzo a encontrar el tiempo para las nanas nocturnas de este rincón naranja demasiado acostumbrado a Madrid.
Pero tratando de no caer en el abandono vacacional hoy he robado para vosotros una historia sobre caritas de tonto y sonrisas avergonzadas, esperando que una vez más cada uno podamos escribir el final de nuestras propias historias.
“En 1927 un matemático formuló el principio de incertidumbre. Venía a decir algo así como que nada se puede predecir con exactitud, siempre queda un margen de incertidumbre en el conocimiento humano, y en ese margen de incertidumbre yo siempre pensé que estaba la música, las canciones.
El principio está relacionado con el hecho de que el observador, con el mero hecho de ser testigo, influye en la realidad que está observando, la altera, introduce una variable de indeterminación, y esta noche, si a ustedes les parece bien, me gustaría hacer un experimento. Me gustaría mostrar que cada canción es diferente simplemente porque tú estás a mi lado, cada concierto es diferente porque tú lo escuchas, porque tú cantas conmigo. Así que, manos a la obra.
Nada está escrito, la historia no ha terminado. Quizá los siguientes días sigan siendo terribles y grises, puede ser, pero puede que no, puede que todo cambie, que los días que tienen que venir abran ventanas a la esperanza. Este puede ser un buen comienzo, este puede ser un buen principio. Principio de incertidumbre.”
Introducción a la canción Principio de incertidumbre. Ismael Serrano.
Porque los lunes hay que buscar alguna manera bonita de empezar la semana, ¿no?
Muertas las esperanzas ya no hay incertidumbres que aliñar con esta paciencia infinita e inmerecida, ya no quedan negativas que me abatan una y otra vez. Ahora tan sólo queda esperar a que sanen las heridas, a que vuelva a correr el tiempo para que pase este dolor que ya no arde, pero abrasa mis ojos podridos de quimeras.
Pero rendirse o dejarse hacer nunca fueron opciones para mí, así que con mi sonrisa triste por bandera vuelvo a declararles la guerra a las cosas que no me hicieron feliz. Y me atrinchero en cualquier parque, al oeste de esta ciudad infinita, para bañar de sol lo huecos de mi pecho y así poder buscar de nuevo la línea de puntos que me lleve a los sitios donde de verdad tenga que estar.
Hace tiempo, una noche de bares y cantautores empezó a sonar esta preciosidad, pero lo increíble es que cada nota sonaba a una sonrisa tuya, cada silencio a una de tus lágrimas, y en cada acorde yo veía uno de tus detalles. Ví tus noches en la cocina dentro de los tupper de mi frigorífico, tus tardes de compras en mi armario, tus preocupaciones en las llamadas perdidas de mi móvil, y supe que un día tendría que regalarte esta canción, porque aunque fuera otro el que eligió las palabras podría jurar que las escribió para ti. Así que hoy vuelvo a robar versos para desearte feliz cumpleaños.
"Tuve mi casa en tu sujetador, y me hice un columpio con tu falda. Le diste cuerda a mi corazón, y en cada pared pintaste una ventana. Tú siempre has sacado a la ilusión de su coma profundo. Voy a echarle arena los relojes para estar más tiempo juntos.
Tus ojos son dos faros de mar, se derrumba el mundo pero tú lo ordenas, cuando soy un calcetín sin par, y en el paladar tan solo queda arena.
Tras tantas semillas en tu boca que al besarte nacen flores. Como explicar que no se hablar de mí sin pronunciar tu nombre, ay tu nombre…
Tú eres el otro sol, el que más hace falta, eres el salvavidas y a la vez eres el agua. Y la felicidad es verte andar por casa, todas esas arrugas que la risa hizo en tu cara. Madre siempre habrá estemos donde estemos una gran línea recta entre tu cuerpo y mi cuerpo.
Te debo todo, la voz, la piel, ven a verme cuando estés desencontrada, que ahora me toca a mi devolver tus abrazos cuando el mar me dio la espalda.
Madre me parezco tanto a ti que a veces cargas con mis miedos, y a veces soy tan parte de ti que toco el mundo con tus dedos, ay con tus dedos…
Tú eres el otro sol, el que más hace falta, eres el salvavidas y a la vez eres el agua. Y la felicidad es verte andar por casa, todas esas arrugas que la risa hizo en tu cara. Madre siempre habrá estemos donde estemos una gran línea recta entre tu cuerpo y mi cuerpo.
Si tú te caes me rompo yo. De mis heridas sangras tú. Yo te recojo en tus bolsillos la esperanza. Aquí te presto mi pulmón, y si te falta algo de luz intentaré hacerte un abrigo para el alma…
Tú eres el otro sol, el que más hace falta, eres el salvavidas y a la vez eres el agua."
Como yonkis de las palabras, inventando necesidades, buscando coartadas para querer siempre un poco más...
Hemos confundido el día con la noche buscando el filtro que convirtió en película nuestros deseos, perdiendo a la realidad de vista cuando se fugó con otra más guapa. Y dando otra vuelta de tuerca para olvidar entre el mareo si somos el reflejo, o la distorsión de aquel personaje con pantalones de campana. Revolviendo apariencias y verdades para no tener que llegar nunca a puerto, para mecernos siempre al ritmo del mar.
Desprovistos de coherencias, inundados de gestos, reencontrando en la sencillez de una pantalla lo que hasta hoy ni sabíamos que buscabamos.
"¿Se ha dado cuenta? Nos pasamos la vida besándonos... Creo que el apretón de manos se inventó para probar que no se llevaban armas, que no había enemistad. Pero a nosotros no nos basta, tenemos que demostrar que nos queremos. Mon cherie, my darling, mi amor, eres maravillosa... Necesitamos decírnoslo."
"Todo empezó, un cruce de miradas, un entretén y miento, e invento una coartada.
Todo empezó por el tercer cubata, sonidos que detesto me impiden abrir alas
Todo empezó sin saber que pensó, si pensó en el saber, si brilló el corazón o si , tal vez, era un juego fugaz. Unas ganas de huir, unas ganas de hablar."
Hay días en los que lo mejor que uno puede hacer es ponerse una venda en los ojos, dejar la conciencia en casa y salir a tocar con las yemas de los dedos esa parte de la vida que está cansada de ser frágil y amarga.
Y volver a casa cien horas después para descubrir que por fin la conciencia te ha dejado por otra. Y sin el lastre de los consejos cuerdos empezar a dejar los debo y agarrar fuerte a los quiero. Batir fuerte las alas. Gritar secretos para espantar fantasmas. Redescubrir el tiempo y las ganas de escuchar. Recordar que la buena vida sabía a lima y hierbabuena.
Algo más de diez días fuera y he vuelto tanteando las paredes. Yo, que podía ponerme una venda en los ojos y recorrer los pasillos con el olfato, hoy estoy ciega, sorda y sola en esta casa para cinco.
Es increíble lo rápido que se pierden las costumbres, el instante en el que lo propio se vuelve ajeno y nos quedamos tirados en tierra de nadie. Volvemos como siempre a perseguir nuestras rutinas, a mendigar por nuestras manías. Mirando al infinito en busca de un color conocido voy midiendo cada paso que me devuelve hoy al ese lugar extraño que llamo casa cuando estoy lejos.
. Un pequeño paréntesis para poder arañar conclusiones nuevas de las paredes conocidas.
Tres días hablando, riendo y bebiendo para aprender (yo que creía que lo sabía todo) que tras las palabras bonitas y los infinitos tratados filosóficos que desfilan por mi cabeza el corazón es sólo un saco viscoso y rojo que se me incrustó en el pecho.
Pero vuelve la noche, y tras el mundo real con su sangre y sus despojos vuelven a latir las canciones, y lo poemas, y ya no hay copas, ni cafés, ni siquiera la compañía. Ahora quedamos sólo mi saco rojo y yo bombeando las emociones que se derretiran por la mañana cual alas de cera.
Pum-pum. Pum-pum.
Quizá tú no me viste, quizá nadie me viese tan perdido, tan frío en esta esquina. Pero el viento pensó que yo era piedra y quiso con mi cuerpo deshacerse.
Si pudiera encontrarte, quizá, si te encontrase, yo sabría explicarme contigo.
Pero bares abiertos y cerrados, calles de noche y día, estaciones sin público, barrios enteros con su gente, luces, teléfonos, pasillos y esta esquina, nada saben de ti.
Y cuando el viento quiere destruirse me busca por la puerta de tu casa.
Yo le repito al viento que si al fin te encontrase, que si tú aparecieses, yo sabría explicarme contigo.
Nunca entendí bien por qué se dice aquello de que la gente se pelea como perros y gatos, en realidad creo que no entiendo bien demasiadas cosas…
Me pierdo con demasiada facilidad en mi laberíntica red sentimental y puede que por eso no alcance a saber si en esta historia me toca ladrar o maullar, a pesar de que no me apetezca ninguna de las dos cosas. Yo sólo quiero sonrisas y cafés de los de antes y que nos hagamos un poco más felices, pero parece que se nos ha olvidado.
¿Qué pusimos en medio que ya no nos vemos igual? ¿Borré el encanto cuando intenté deshacer los nudos de esta historia? Te juro que intento ser buena contigo, que lo último que quiero es herirte, pero tengo la sensación de que algo se me escapa de las manos, de que hay una irritabilidad que no sabemos curar.
Dime qué tengo que hacer y te aseguro que lo intentaré, sin obligación, sólo con ganas, con todas las que me quedan, pero por favor, no dejes que nos diluyamos entre tanta insatisfacción porque ni tú ni yo nos lo merecemos.
Y ya he perdido suficientes cosas para saber que la vida no es un enorme ring de boxeo.
Hay una puerta para entrar, tengo la llave en mi cabeza. Hay otra vía para llegar, solamente hay que dar la vuelta.
Avanzo cada vez más despacio, estoy perdido en el espacio, y no sé dónde puedo ir así, así, así, así, así, así.
Todo puede ir mejor, pero nunca se sabe cuando. Podremos hacernos viejos esperando a ver el cambio.
Es tan grande el universo, y yo me siento tan pequeño, y no sé dónde puedo ir así, así, así, así, así, así.
Llevo mil años esperando porque estoy seguro de que todo puede ir mucho mejor, mejor, mejor, mejor, mejor, mejor.
"Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas."
Sé que tiempos más duros aún están por venir, porque algunos días de mayo son más lluviosos que los de abril. Me clavaste ambos ojos, y aún recuerdo tu voz... La vida es parte buscar placer y parte hallar dolor.
Y en tu mirada mojada vi que rezabas por mi. Oh señor! Y te vi llorar un rió a cada lado de tu rostro sin desmaquillar como la propia Katy Jurado, con las nubes negras detrás. Te vi llorar. ¿Y que podía hacer? ¿Qué podía hacer? Si morir y así poder ponerme a llorar también.
Y en las circunstancias, ¿cómo iba yo a actuar? Mi alma se volvió ancla.. cansada de naufragar. Pero aunque ahora era un fuego o brille en el cielo el sol sólo son tus dos ojos los que a medida traen luz y calor.
[...]
Como Juana de Arco al arder. Como el santo a punto de perder la fe. Y te vi llorar. Y entre el dolor y la nada elegí el dolor. Entre el dolor y la nada elegí el dolor. Entre el dolor y la nada elegí el dolor. Entre el dolor y la nada elegí el dolor. Entre el dolor y la nada elegí el dolor.
La pena o la nada. Nacho Vegas
Y aunque parezca mentira, al final todos salimos ganando. Aprendiendo por el camino a recomponer las piezas de los puzzles que quedaron sin terminar.
No te engañes, siempre habrá preguntas indiscretas y malas formas de sacar un tema. No me engaño, quizás tampoco encontraste una manera mejor.
Pero es que entre cervezas y confusiones me asusta que no encuentres mis verdades, aunque me aterra aún más no entender tus preguntas y que busques respuestas en las miradas ajenas. Así que mírame a los ojos y escucha cada palabra que nunca te diré. Porque no doy para más que para esta telepatía en código Morse.
Al final parece que lo que falló es que deberíamos haber aprendido a comunicarnos antes de aprender a herirnos. Y hablo en primera persona antes que en plural. Podré ser muda, pero todavía no estoy ciega.
Lo peor de todo esto es que, yo pretendo que me intuyas y tú te empeñas en que te grite mis pecados. Pero sabes que después de todo soy una optimista incorregible, así que creo que aprenderemos a entendernos, a quitarnos las vendas de los ojos y los labios y a querernos mejor.
Quizás no estuviera rara, quizás solamente estuviera equivocada.
“Explotaron las bolas de cristal y al futuro se lo olvidó andar,
y no te has enterado que esta vida no se puede rebobinar.
¿Cuántos cuellos se han roto al mirar atrás?
¿Cuánta ropa tendida cayó al mar?
Y tú en el aeropuerto preguntando: ¿Salen vuelos a Nunca Jamás?”
Lo he visto todo, he visto los árboles,
he visto las hojas del sauce bailando en la brisa.
He visto a un hombre matar a su mejor amigo,
y vidas que terminaron antes de ser vividas.
He visto lo que fui, y sé lo que seré.
Ya lo he visto todo, ¡no hay nada más que ver!
¡No has visto elefantes, reyes o Perú!
Me alegra decir que tuve mejores cosas que hacer.
¿Qué hay de China? ¿Has visto la Gran Muralla?
¡Todas las murallas son grandes si el techo no se cae!
¿Y el hombre con el que te casarás?
¿La casa que compartireis?
Para ser honesta no me importa, de verdad...
Nunca has ido a las cataratas del Niágara.
He visto el agua, es agua, eso es todo..
¿La torre Eiffel? ¿El Empire State?
¡Mi pulso estaba más alto en mi primera cita!
¿Y la mano de tu nieto jugando con tu pelo?
Para ser honesta no me importa, de verdad...
Lo he visto todo. He visto la oscuridad,
he visto el brillo en una pequeña chispa.
He visto lo que elegí, y he visto lo que necesito,
y con eso me basta, querer más sería avaricia.
He visto lo que soy, y ya sé lo que seré.
Ya lo he visto todo, ¡no hay nada más que ver!
Lo has visto todo, y todo lo que has visto
siempre puedes revisarlo en tu pequeña pantalla.
La luz y la oscuridad, lo grande y lo pequeño.
Sólo tenlo en la mente, no necesitas nada más.
Has visto lo que fuiste, y sabes lo que serás.
Lo has visto todo, ¡no hay nada más que ver!
Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores, casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo que les paso fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo:
- “Bueno, ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión”. Se acercó a la mesa y dijo: - “¿Me permite?”
- “Por supuesto” Esto sólo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general cuando dices: - “¿Me permites?”, dicen
-“ ¿De qué?” A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá que inventar otra historia en la que ella le dice “¿De qué?”, en este caso ella lo invito a él para que se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de que hablar, y: -“¿Y qué lees?” Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, y ya mal, empezamos mal, muy mal, por ahí no. -“Pues bonito día” Pero enseguida empezaron a profundizar, por que ella dijo: -“Sí la verdad es que hace un bonito día” Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y fueron profundizando. Al principio él para llamar su atención contó alguna mentira, que si era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde, cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café al habana con coca cola. Por entonces ya estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían gustos cinematográficos, y por eso fue que él le dijo: - “Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?” y ella:
- “No”
- “Oye, ¿quedamos el fin de semana?”
- “Vale”. Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que él rompía a llorar en cada escena en la que salía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció, yo quiero pensar que era de verdad.
Resulta que coincidían en más gustos, y también en los musicales, y le dijo: - “Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano”
- “Ismael ¿qué?”
- “Pero a ti, ¿te gustan los cantautores?”
- “Los de verdad me gustan”. Pero él le convenció a ella y fueron. Cuando el empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se atrevió a cogerle la mano. Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella. Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo: - “Sabes, creo que me tengo que ir durante un tiempo”
- “Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida”, y ella dijo:
-“No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos, y todo lo poco que nos falta para vernos”.
Él dijo que bueno, que vale: -“Pero que si no te vas casi mejor, ¿no?”. Pero se fue. Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era cierto aquello de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?. A los quince días puntualmente llegó la carta de ella, toda llena de besos y de caricias, de te echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa, se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron creo que diez años, quince, no me acuerdo. Y un día ella, sin saber como ni porqué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el buzón vacío, y el alma partida en dos.
Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro.
Un día él salió de casa, y unos ladrones entraron a robarle. Al ver allí la gran caja fuerte no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debía esconder algún gran tesoro, grandes riquezas o algo similar. Y se llevaron la gran caja fuerte. Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta que le han robado lo que más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién sabe si falsas. Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor, declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y llevarla a la guarida no era moco de pavo. Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de encontrar alguna carta, o a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido sin saber ya qué hacer. El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer era tirarlas al río o quemarlas, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el más joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea. Un día, nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el buzón ¿Adivina lo que se encontró?... Una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.
Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos, aquellos momentos en los que quizá un día leería la carta en la que ella diría: -“Pronto estaré allí”.