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martes, 22 de diciembre de 2009

Las tijeras de Átropos

martes, 22 de diciembre de 2009
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Lo que buscas, nunca lo hallarás.
Porque, cuando los dioses hicieron al hombre,
guardaron para sí la inmortalidad.
Llena la panza.
Retoza de sol a sol.
Llena tus días de alegría.
Quiere al niño que coge tu mano.
Haz gozar a tu esposa entre tus brazos.
Porque solo esas cosas incumben al hombre.



Epopeya de Gilgamesh
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lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno

lunes, 18 de mayo de 2009
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… O simplemente Benedetti.

Hoy que sé que ya no habrá más palabras, he rebuscado entre los folios de mi cajón tus frases viejas y me han parecido tan intensas como el color de las paredes recién pintadas. Y es que cuando se siente fuerte, no hay tiempo ni muerte que valga. Será por eso que no he podido evitar dedicarte mi día, mis palabras, a cambio de los silencios que llenaste con las tuyas. Al menos por mi parte te ganaste la inmortalidad aquel día que me hiciste entender que todo puede perdonarse, menos no saber volar…



Extracto de la película El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela





"No te quedes inmóvil
al borde del camino,
no congeles el júbilo,
no quieras con desgana;
no te salves ahora, ni nunca,
no te salves;
no te llenes de calma,
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo,
no dejes caer los párpados
pesados como juicios;
no te quedes sin labios,
no te duermas sin sueño,
no te pienses sin sangre,
no te juzgues sin tiempo.

Pero si, pese a todo,
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana,
y te salvas ahora,
y te llenas de calma,
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo,
y dejas caer los párpados
pesados como juicios,
y te secas sin labios,
y te duermes sin sueño,
y te piensas sin sangre,
y te juzgas sin tiempo,
y te quedas inmóvil
al borde del camino,
y te salvas, entonces,
no te quedes conmigo."
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jueves, 14 de mayo de 2009

Contrarreloj

jueves, 14 de mayo de 2009
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"Breve et irreparabile tempus omnibus est vitae."




Voy a salir a pasear con el sol pegándome en la espalda y no voy a poner línea de meta. Hoy no quiero ni objetivos ni sus consecuentes decepciones, sólo quiero quemar la suela de mis botas mientras el oeste se bebe la luz que le sobra al día.

Así que recurriendo a las galletas de chocolate a modo de complejo vitamínico saco fuerzas de donde ya creía que no quedaba nada y me tatúo una sonrisa que compense tantas muecas de desesperación. Y es que no sé si querer ser feliz es suficiente determinados días, pero desde luego algunas lecciones de perspectiva me han demostrado que si no te paras a mancharte los pantalones de césped y de vino la historia casi siempre carece de sentido.

Es triste que haya que estrellarse contra un muro para caer redondo y mirar al cielo, pero si al menos hoy veo algo que me ilumine supongo que será suficiente… suficiente para seguir, para reponerse, para aprender a medir el tiempo en latidos antes de que se nos pare definitivamente el corazón.

De modo que hoy alzo mi copa por las velas apagadas que iluminaron los caminos de los que estábamos demasiado perdidos, demasiado heridos para entender que no se puede dejar escapar la vida en cualquier suspiro…


* El tiempo de vivir es para todos breve e irreparable
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viernes, 1 de mayo de 2009

Pequeño infierno florido

viernes, 1 de mayo de 2009
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Enséñame a manejar a mi antojo las agujas del reloj que me falta tiempo, que me falta el aire…




Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.


Julio Cortázar
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martes, 28 de abril de 2009

Cienes y cienes de veces

martes, 28 de abril de 2009
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Hoy debería ser un gran día. Debería estar volando a casa con cien velas por equipaje, con cien excusas para abrazarte.




Mas quiso el cuerpo deshacerse antes de que el tiempo te alcanzase, mucho antes de que nuestro verbo decidiera ponerle el punto final a las frases. Así que aquí me tienes, jodida y radiante, buscando una salida de emergencia, un sucedáneo que me calme, algún arma con la que paliar esta rara soledad con la que la rama extraña raíces que la amarren.

Maldiciendo que, después de todo, todas las mechas se apaguen.

Pero aprendí a guardar las penas en un tarrito y a perderme en la ciudad de tus historias, a imaginar tranvías volando por las calles. A trepar por la Gran Vía entre adoquines y fantasmas buscando los recuerdos que todavía retienen el soplo de tus pasos, de tu alma, de nuestra sangre.

Y así entre todo recomponerte parte por parte, reconstruirme para echarte de menos un poco más allá de lo razonable. Para dibujar en las paredes tu voz vieja y templada revuelta de historias lentas, de la tranquilidad del que todo lo sabe. Recomponerte y recordar que como decía el poeta la esencia de la vida reside en lo que la muerte no puede quitarte.

Una carta escrita a impulsos, cualquier tarde de domingo, cien sonrisas repetidas una noche de verano en la terraza, otra escapada a tu casa, tantas y tantas llamadas improvisadas…

Así que después de envolverme de razones vuelvo a tragarme el nudo en la garganta para hablar de ti con la voz firme, para susurrarte al oído que no puedo olvidarte, que no quiero olvidarte, que eres más que el centésimo aniversario de las cenizas que no arden.

Hoy me he dado cuenta que soy mucho más afortunada de lo que creo, porque puede que algunos nazcan con estrella, pero yo… yo nací con abuelo.






"No me cansaré de pensaré de pensar que estás
a mi lado, pero no como una sombra..."
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miércoles, 25 de marzo de 2009

Femme fatale

miércoles, 25 de marzo de 2009
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Y siempre acabo volviendo a Wilde cual excéntrica sin vocación ni tiempo que perder. Pero es que hoy quería jugar a ser mujer fatal, ambiciosa y destructiva, y necesitaba un texto que bordarme en la piel.

Aunque sin saber cómo ni por qué los vientos de esta absurda primavera me han arrancado el adjetivo de fatal y me han dejado vacía y desnuda, supurando las lágrimas que no quise aprender a llorar.

Y así, una vez más acabo convertida en tragedia dulce y sangrante, en estrella del rock pasada de moda, en esa hoja en blanco que ve como por primera vez la vida le tatúa un “no”. Recordando que el papel de vencedora arde como el que más cuando las llamas le besan la piel…




“No has querido dejarme besar tu boca, Iokanaán. Pues bien, la besaré ahora. La morderé con mis dientes como si fuera un fruto maduro. Sí, besaré tu boca. Iokanaán. ¿Acaso no te lo dije? Ahora la besaré.

Pero ¿por qué no me miras, Iokanaán? Tus ojos, tan terribles, con aquel fulgor de cólera y desprecio, están ahora cerrados. ¿Por qué están cerrados? ¡Abre los ojos! Alza tus párpados, Iokanaán. ¿Por qué no me miras? ¿Es que acaso me temes, Iokanaán?

Y tu lengua, que era como una serpiente roja que destilara veneno, está ahora inmóvil y muda, Iokanaán, esta víbora roja que vomitó sobre mí su veneno. Es extraño. ¿Verdad? ¿Por qué está ahora inmóvil la víbora roja? No has querido saber nada de mí, Iokanaán. Me has rechazado. Me has dicho cosas infames. Me has tratado como a una cortesana, como a una prostituta, ¡a mí, la hija de Herodías, princesa de Judea! Pues bien, Iokanaán, yo vivo aún, pero tú has muerto y tu cabeza me pertenece. Puedo hacer con ella lo que quiera. Puedo arrojarla a los perros o hacer que sirva de pasto a las aves. Las aves devorarán lo que hayan dejado los perros...

[…]

¡Ah! ¿Por qué no me miraste, Iokanaán? Si me hubieras mirado, me habrías amado. Sé que me habrías amado, y el misterio del amor es más profundo que el misterio de la muerte.”


Salomé. Oscar Wilde
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jueves, 19 de febrero de 2009

Irreversible

jueves, 19 de febrero de 2009
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Me he preguntado muchas veces en qué condiciones la vida merece la pena. ¿Qué hacer en ese momento en el que más que vivir sobrevives? ¿Dónde se busca la emoción cuando el cuerpo no responde, cuando la mente ya sólo sabe dejarse llevar? ¿Cuál es el punto en el que uno se resigna a esperar a la muerte?

Debería ser hoy, tenías que haber aguantado, yo necesitaba que lo hicieras, pero adelantaste la fecha de caducidad, te quedaste viéndolas pasar y eso marcó la diferencia. Ojala ese abismo no hubiera existido, siempre esperé que algo cambiara las cosas, pero una palabra ha zanjado mis esperanzas. Irreversible ha sido el espacio que va justo antes del punto final de esta historia. Ahora ya sólo me queda esperar la muerte de las flores que he visto marchitarse.




Creo que este invierno se ha cobrado un precio demasiado alto, me he tenido que recomponer tantas veces que hay días que ni siquiera me reconozco. He dejado de creer ya que la adversidad alimente el valor, hoy creo que tan solo alimenta el lastre de este corazón cuarteado.
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domingo, 8 de febrero de 2009

Ocho puñales de febrero

domingo, 8 de febrero de 2009
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Ocho puñales que se me clavaron el pecho antes de contar hasta cien.

Un año entero apretando los dientes, sujetando las lágrimas para no mojar tu recuerdo, para no estropear el optimismo que me regalaste, para que nadie vea que me quedé como un árbol sin raíces cuando las campanas tocaron por ti.

Dicen que lo que la vida te da también te lo quita, pero en mi ambición quise que detrás de contigo fuera un siempre. Hasta que se nos puso en medio un día soleado y frío de febrero que te arrancó a ti las fuerzas y a mí las ganas. Y nos quedamos secos y quietos, pegados a la pared para ver la vida pasar en esos días en lo que todo lo que queda son despojos de las tardes de domingo.

Golpes y tierra para enterrar las heridas que nunca cierran, que perdieron el derecho a cicatrizar, porque el día que dejes de dolerme me habré convertido en estatua de sal. Pero reciclaré las penas, las echaré a la hoguera y dibujaré con las cenizas siete palabras que rescatarían del infierno al más triste y marchito de los hombres, esas que me regalaste cuando yo estaba demasiado perdida.

Te echaré de menos a rabiar otro año u otros cien, pero sé que lo que dejaste en mí resurgirá algún día y ya no llevará los ojos húmedos, sino aquella sonrisa que derretía el mundo y me hacía entender que la vida, afortunadamente, siempre será demasiado corta.




“Memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.

Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.

Colores que a sus ausencias
—mientras haya—
siguiendo a la luz se marchan
y siguiéndola regresan.

Tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando
—mientras haya—
amanecer de poema.

Mientras haya lo que hubo ayer,
lo que hay hoy,
lo que venga.”


Confianza. Pedro Salinas
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domingo, 30 de noviembre de 2008

Cuando no hay más puntos suspensivos

domingo, 30 de noviembre de 2008
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...Con lo inexorable que es morirse de algo. Lo bonito que es morirse por algo. Y lo necesario que es morirse por alguien.

Risto Mejide (muy a mi pesar)

sábado, 1 de noviembre de 2008

Huesos y memorias

sábado, 1 de noviembre de 2008
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Huesos y memorias, eso es todo lo que a veces nos deja la vida de las cosas que queremos. Pero qué le vamos a hacer si el tiempo no entiende de compasión, si el cuerpo no entiende de eternidad…


No sabes cuanto te he querido.
Olvidarte es saber que no hay forma.
Ahora tengo que aprender a desnombrarte,
con los ojos más que con la boca.

Has cambiado mi forma de mirar,
has cambiado el sentido de las calles
Caminar sin ti, no es del todo andar
has llenado los semáforos de sangre.

No me moriré, pero ya verás,
como no sabré esquivar los vientos que te nombran.
No me cansaré, de pensar que estás,
a mi lado pero no como una sombra.

[...]


No sabes cuanto te he querido. Paco Bello

domingo, 26 de octubre de 2008

La vida tiene estas cosas

domingo, 26 de octubre de 2008
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Ojalá pudiera sacerte el corazón del pecho y guardarlo entre formol y miel para que nunca te escueza la vida.

Ojalá pudiera secarte las lágrimas antes de que las derramaras para que no te quemen el color de las mejillas.

Ojalá que no conocieras nunca el significado de la tristeza ni del dolor.

Ojalá pudiera, pero no puedo... la muerte tiene estas cosas.