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jueves, 28 de mayo de 2009

Verdades a la cara

jueves, 28 de mayo de 2009
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Estaba yo tan tranquila perdiendo el tiempo, cuando de pronto la pantalla comenzó a tirarme verdades a la cara.

Al principio, con extrañeza, me acerqué para ver que clase de individuo se escondía dentro de mi ordenador, pero antes de poder ponerme las gafas para ver con claridad me atizó con una frase en la cabeza. 'Second chances they don't ever matter, people never change'. Así, de pronto, y sin anestesia ni nada.




Descolocada como estaba ante tan inesperado (e inoportuno) acontecimiento puse un poco de música para pensar mejor y olvidar el incidente. Y de nuevo, esta vez ocultado como reproducción aleatoria va y me dispara esa maldita canción de Iván Ferreiro que me hizo entender hace tiempo que las cosas muertas sólo pueden ser enterradas. Y yo, como una tonta, con un cadáver entre las manos, jugando a resucitar las cosas con tanto boca a boca.

Mal vamos…

Pero a pesar de no ver hacia donde tenía que apuntar decidí no quedarme de brazos cruzados y jugar mi papel en esta guerra devolviéndole a bolazo limpio el daño causado. De ese modo me dispuse a arrancar unas cuantas hojas de la agenda y resulta que todos los días eran veintinueves de febrero, esperándome para ser arrugados y lanzados cual kamikaze en la batalla. Y yo, que no me vi capaz de extirparle los días buenos al calendario, tuve que cambiar las buenas intenciones por la mirada lánguida del que sabe antes de empezar que ya ha perdido.

De modo que no me quedó más remedio que dejar campar a semejante individuo por los valles de mi escritorio, mientras yo recogía el desastre ocasionado y tragaba con la triste realidad de que, lamentablemente, ‘la gente nunca cambia’.
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viernes, 24 de abril de 2009

Espirales en la sien

viernes, 24 de abril de 2009
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Me has atado al tiempo.

No me mires como si no lo supieras.

Me has enredado con cada manera, con cada sabor a mañanas de resaca, con cada película mala de sábados en el sillón. Me has vaciado de todo para llenarme de ti.

Te he vaciado de todo para esconderme dentro de ti.

Nos hemos comido a retos el alma y las manos. Me he bebido a morro todo lo que estaba por venir. Te he buscado y me he encontrado. Y te he perdido, y no he llorado.

¿He dicho ya que me habías enganchado?

Sin embargo hay días que acabamos estropeándolo todo, olvidando nuestro lugar, perdiendo la compostura y la sonrisa profesional.

Pero déjalo fuera, hoy no necesito anuncios de higiene bucal. Mejor ríete para mí. Y vuelve a llenar dos vasos de agua, por si acaso nos tenemos que emborrachar.

Engancha de nuevo mis muñecas a los clavos de tu cruz, que no me arrastre el tiempo que aúlla con vientos de cambio, que carga con nubes sin tormenta.

Regresemos a pasear otra tarde de domingo por el parque de Berlín. Sin tormenta, he dicho.

Atrápame que no me pierda.

Vela por mí.

Vuelve a atronarme los oídos a golpe de balón en los patios de Nunca Jamás. Entierra las medallas que ganamos y prepara la tercera copa de Tang.

Llámame todas las madrugadas. Espera cinco tonos y perdóname otra vez.

Cámbiame las espirales que llevo grabadas en la sien. Grítame que no me entiendes mientras lees en braille por mi piel.

Guarda nuestros secretos debajo de tu colchón e incéndialo después. Ya sabes que siempre me gustó demasiado el fuego. Ya sabes que la palabra demasiado la aprendí de tanto pensar en ti.

Siéntate a mi lado en el pupitre. ¿Recuerdas? Haz que sea como la primera vez…

Vete. Llora. Sangra. Vuelve. Sé todas las personas que alguna vez perdí.
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lunes, 29 de diciembre de 2008

Im-pertenencia

lunes, 29 de diciembre de 2008
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Hoy, desde el autobús sólo se veían nubes de tormenta y campos grises, y yo me escondía del mundo tras mis gafas de sol, más debidas a mi incapacidad por conciliar el sueño la noche anterior que al sol propiamente dicho.

Me ha resultado raro, bueno, más que raro, peligroso, esta sensación de ir a casa en dirección contraria. Es decir, sabía que el camino era el que me llevaba al lugar donde crecí, donde está mi familia, mi infancia, pero cada día me resulta más ajeno.

La vida que dejé aquí parece que ha dejado de pertenecerme… Tiene su encanto, y desde luego estas son fechas para pasar en familia, pero lo que hoy por hoy es mi vida se ha quedado a 200 kilómetros en dirección norte.

Lo que tengo en Madrid lo he construido yo, ayudada en mayor o menor medida por las circunstancias, por eso su valor es tan grande. Cada paso, cada amigo, cada logro que he conseguido en estos años ha sido fruto de mis decisiones. Aquí no había futuro predefinido, supongo que por eso cuando me hablan de casa, ahora miro hacia arriba.

Parece bonito, y lo es, pero tiene un punto que roza lo escabroso, y es que mi independencia creció más rápido que yo. Esa capacidad de prescindir de los demás me vuelve injusta, porque todo lo que dejo aquí sufre los efectos la condescendencia que tengo para conmigo misma. Me permito huir a mi propio mundo más a menudo de lo que debería. Así que como alguien sugería en un comentario anterior añadiré un nuevo propósito a mi ya abarrotada lista. A partir ahora queda prohibido olvidar las cosas que dejo cada vez que me subo al autobús.



"Al final para un hombre de mundo es muy exótico volver a casa..."

viernes, 12 de diciembre de 2008

Réquiem por un sueño

viernes, 12 de diciembre de 2008
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Juntamos otra vez
tu juego y mi razón, mi juego y tu razón.
Quedamos a las diez
para recuperar nuestro hilo conductor.

Y dices que no pasa nada, que el jet-lag no te afectaba,
y regresaste cantando, no te veré por un rato.
Y dices que no pasa nada, que yo lo necesitaba,
me tiro por la ventana de tu casa encantada.

Yo me comí las paredes, tú te empapaste en Granada
de la mirada urgente que te sonríe atontada.
La semana pasada no era lo que esperabas,
sólo fue un movimiento que hiciste fuera de tiempo.

Yo lo necesitaba, dices que no pasa nada,
que volar no te afectaba y yo
me guardo el corazón, me guardo el corazón.

No vuelvas a llamar si no es para decir
que todo está al revés.




El otro día me dio por ponerme a escuchar discos de Iván Ferreiro… Y te vi en las canciones, a ti que hace tanto que no te veía en ningún sitio…

Te despojé de tus encantos y sólo me quedaron un par de calaveras que ardieron por jugar con fuego. Al fin comprobé que las cenizas de la carne se las había llevado el viento, que ya no había sangre que bombeara los corazones, y todo se quedó tan calmo y vacío que se me evaporó el alma de la pena.

Pero es que la vida te lleva por caminos raros y a veces es necesario autoinmolarse para sobrevivir, aniquilar la mejor parte de uno mismo porque no es el momento apropiado. Tocar de nuevo un réquiem por las canciones que ya no dicen nada de ti.


Magia para evitar lo inevitable,
magia para olvidar lo fácil que se olvida
como por arte de magia.

Y hubo magia que borró todas las pisadas,
magia, dolía mucho y no fue nada,
magia en que todo acaba.
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