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domingo, 4 de abril de 2010

Matrioskas de arena y cristal

domingo, 4 de abril de 2010
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- ¿Sabes qué necesito yo? Tiempo, pero no para ahora, ahora ya es tarde. Necesito tiempo para meter dentro del tiempo que ya tuve. ¿Has visto que los músicos trabajan sobre un tiempo? ta, ta, ta, ta... Pero ellos pueden meter más notas cada vez allá dentro, yo necesito meter más notas dentro del tiempo que ya tuve y así volver a hacer las cosas que ya hice, digo... que haré.

- Tienes que dejar esta vida...

- Sí, ya sé, ya sé... pero es ella la que no me deja a mí.
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domingo, 26 de julio de 2009

Tacones de plomo para no despegar

domingo, 26 de julio de 2009
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No voy a correr detrás de nadie
más de lo que ya corrí,
ni aún yendo tres metros por delante.

No voy a mendigar por las esquinas del pasado
recordando que ya nada es lo que era.
No voy a regalar te quieros de saldo barato,
ni admitiré que me tengan piedad.

No voy a dar más de lo que deba,
ni a pedir más de lo que me den,
ni a robar besos perdidos,
ni a jugar con el olvido en el jardín del Edén.

No despegaré mis pies del suelo mientras sueño,
y si lo hago y vuelvo a despertar
los próximos zapatos tendrán
tacones de plomo para no despegar....

No me voy a mentir más.
No voy a mentir más.
No voy a suplicar.

No malgastaré lagrimas ni en mi.
Y me haré fuerte en mi castillo,
lo que venga después, que pida permiso.

Que yo espero aquí…



Un día le robé a alguien esta declaración de principios, hoy el texto me ha robado a mi.
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viernes, 27 de febrero de 2009

Incandescente

viernes, 27 de febrero de 2009
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"El aire huele a pan,

los hornos están al rojo vivo,

tápame la boca, que voy a gritar.

La incandescencia no se puede explicar así, en frío."




Me encantaría poder decir a quien le robé este texto, pero ya sabemos que a mi memoria le gusta jugar al escondite conmigo. Así que hoy me tendré que resignar a quedar como una vulgar ladrona de palabras, que no encuentra el tiempo ni la manera de plasmar sobre esta hoja en blanco el torbellino de ideas que corren por sus venas.

Otro día más.

Y mejor, por supuesto.
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sábado, 29 de noviembre de 2008

La niña de los tres maridos

sábado, 29 de noviembre de 2008
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Si ella podía yo también, jeje.


Un padre tenía una hija muy hermosa, pero terca y decidida. Esto a él no le parecía mal, mas un día se presentaron tres jóvenes, a cual más apuesto, y los tres le pidieron la mano de su hija; el padre, después de que hubo hablado con ellos, dijo que los tres tenían su beneplácito y que, en consecuencia, fuera su hija la que decidiese con cuál de ellos se quería casar.

Conque le preguntó a la niña y ella le contestó que con los tres.

-Hija mía -dijo el buen hombre-, comprende que eso es imposible. Ninguna mujer puede tener tres maridos.

-Pues yo elijo a los tres -contestó la niña tan tranquila.

El padre volvió a insistir:

-Hija mía, ponte en razón y no me des más quebraderos de cabeza. ¿A cuál de ellos quieres que le conceda tu mano?

-Ya te he dicho que a los tres -contestó la niña.

Y no hubo manera de sacarla de ahí.

El padre se quedó dando vueltas en la cabeza al problema, que era un verdadero problema y, a fuerza de pensar, no halló mejor solución que encargar a los tres jóvenes que se fueran por el mundo a buscar una cosa que fuera única en su especie; y aquel que trajese la mejor y la más rara, se casaría con su hija.

Los tres jóvenes se echaron al mundo a buscar y decidieron reunirse un año después a ver qué había encontrado cada uno. Pero por más vueltas que dieron, ninguno acabó de encontrar algo que satisficiera la exigencia del padre, de modo que al cumplirse el año se pusieron en camino hacia el lugar en el que se habían dado cita con las manos vacías.

El primero que llegó se sentó a esperar a los otros dos; y mientras esperaba, se le acercó un viejecillo que le dijo que si quería comprar un espejito.

Era un espejo vulgar y corriente y el joven le contestó que no, que para qué quería él aquel espejo.

Entonces el viejecillo le dijo que el espejo era pequeño y modesto, sí, pero que tenía una virtud, y era que en él se veía a la persona que su dueño deseara ver. El joven hizo una prueba y, al ver que era cierto lo que el viejecillo decía, se lo compró sin rechistar por la cantidad que éste le pidió.

El que llegaba en segundo lugar venía acercándose al lugar de la cita cuando le salió al paso el mismo viejecillo y le preguntó si no querría comprarle una botellita de bálsamo.

-¿Para qué quiero yo un bálsamo -dijo el joven- si en todo el mundo no he encontrado lo que estaba buscando?

Y le dijo el viejecillo:

-Ah, pero es que este bálsamo tiene una virtud, que es la de resucitar a los muertos.

En aquel momento pasaba por allí un entierro y el joven, sin pensárselo dos veces, se fue a la caja que llevaban, echó una gota del bálsamo en la boca del difunto y éste, apenas la tuvo en sus labios, se levantó tan campante, se echó al hombro el ataúd y convidó a todos los que seguían el duelo a una merienda en su casa. Visto lo cual, el joven le compró al viejecillo el bálsamo por la cantidad que éste le pidió.

El tercer pretendiente, entretanto, paseaba meditabundo a la orilla del mar, convencido de que los otros habrían encontrado algo donde él no encontrara nada. Y en esto vio llegar sobre las olas una barca que se llegó hasta la orilla y de la que descendieron numerosas personas. Y la última de esas personas era un viejecillo que se acercó a él y le dijo que si quería comprar aquella barca.

-¿Y para qué quiero yo esa barca -dijo el joven- si está tan vieja que ya sólo ha de valer para hacer leña?

-Pues te equivocas -dijo el viejecillo-, porque esta barca posee una rara virtud y es la de llevar en muy poco tiempo a su dueño y a quienes le acompañen a cualquier lugar del mundo al que deseen ir. Y si no, pregunte a estos pasajeros que han venido conmigo, que hace tan sólo media hora estaban en Roma.

El joven habló con los pasajeros y descubrió que esto era cierto, así que le compró la barca al viejecillo por la cantidad que éste le pidió.

Conque al fin se reunieron los tres en el lugar de la cita, muy satisfechos, y el primero contó que traía un espejo en el que su dueño podía ver a la persona que desease ver; y para probarlo pidió ver a la muchacha de la cual estaban los tres enamorados, pero cuál no sería su sorpresa cuando vieron a la niña muerta y metida en un ataúd.

Entonces dijo el segundo:

-Yo traigo aquí un bálsamo que es capaz de resucitar a los muertos, pero de aquí a que lleguemos ya estará, además de muerta, comida por los gusanos.

Y dijo el tercero:

-Pues yo traigo una barca que en un santiamén nos pondrá en la casa de nuestra amada.

Corrieron los tres a embarcarse y, efectivamente, al poco tiempo echaron pie a tierra muy cerca del pueblo de la niña y fueron en su busca.

Allí estaba ya todo dispuesto para el entierro y el padre, desconsolado, aún no se decidía a cerrar el ataúd y dar la orden de enterrarla.

Entonces llegaron los tres jóvenes y fueron a donde yacía la niña; y se acercó el que tenía el bálsamo y vertió unas gotas en su boca. Y apenas las tuvo sobre sus labios, la niña se levantó feliz y radiante.

Todo el mundo celebró con alborozo la acción del pretendiente y en seguida decidió el padre que éste era el que debería casarse con su hija, pero entonces los otros dos protestaron, y dijo el primero:

-Si no hubiese sido por mi espejo, no hubiéramos sabido del suceso y la niña estaría muerta y enterrada.

Y dijo el de la barca:

-Si no llega a ser por mi barca, ni el espejo ni el bálsamo la hubieran vuelto a la vida.

Conque el padre, con gran disgusto, se quedó de nuevo meditando cuál habría de ser la solución. Y la niña, dirigiéndose a él, le dijo entonces:

-¿Lo ve usted, padre, como me hacían falta los tres?

martes, 11 de noviembre de 2008

Textos robados

martes, 11 de noviembre de 2008
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Decía un poeta, que el amor se encuentra antes si se busca... Y yo le creí.

Busqué en cada cajón de mi casa.

Detrás de todas las esquinas.

En los armarios y en la nevera (por aquello de la caducidad...)

Busqué en los hospitales y en los autobuses, bajo los coches y alcantarillas. Y lo máximo que encontré fue suciedad...

Miré en los bolsillos, y entre pelusas y kleenex viejos, alguna moneda. Y nada más...

Dicen que el amor se encuentra antes sí se busca… Dicen, dicen, dicen y no es verdad.

Y ese poeta me defraudó. Lo siento mucho amigo, lo encuentran todos… pero yo no.

Y me descreí de aquel señor con flechas que atraviesan las fronteras. Si el amor, nunca ha creído en mi, ¿por qué tenía que hacerlo yo? Ni lo he tocado, ni lo he oído, no lo vi de cerca, ni lo probé. Jamás olí su aroma... ¿Por qué tenía que creer?

Dicen que el amor se encuentra antes si se busca. Quizá lo encuentres, si cuando buscas, sabes qué es...


Textos robados.
Pensamientos encontrados.