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lunes, 26 de enero de 2009

Dämmerung

lunes, 26 de enero de 2009
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Fluye el tiempo inmortal y en su latido
sólo palpita estéril insistencia,
sorda avidez de nada, indiferencia,
pulso de arena, azogue sin sentido.

Hechos ya tiempo muerto y exprimido
yacen la edad, el sueño y la inocencia,
puñado de aridez en mi conciencia,
vana cifra del hombre y su gemido.

Vuelvo el rostro: no soy sino la estela
de mí mismo, la ausencia que deserto,
el eco del silencio de mi grito.

Todo se desmorona o se congela:
del hombre sólo queda su desierto,
monumento de hiel, llanto, delito.


Crepúsculos de la ciudad. Octavio Paz
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sábado, 3 de enero de 2009

La arena que cayó del reloj

sábado, 3 de enero de 2009
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Esta no es la embajada del reproche
ni el vademécum de lo que perdí,
para que llueva, para ser de noche,
es condición sine qua non to be.

Or not to be, como intuyó el bolero
calavera de un príncipe danés,
se equivoca la urgencia y el te quiero
que no vuelve la ausencia del revés.

Escribo sólo por matar las tardes,
por no ponerme a deshacer maletas,
por no arrastrarme por las estaciones.

Por no andar, como el rey de los cobardes,
mustio, con un ramito de violetas,
en el sepelio de las decepciones.

Matar las tardes. Joaquín Sabina




Creyendo como siempre que podemos controlar el viento vamos cayendo una vez más en el hastío del luego, en la pereza del después. Demasiados confiados para entender que no se puede matar al tiempo sin inmolarnos nosotros con él.
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