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martes, 24 de marzo de 2009

Más de un momento

martes, 24 de marzo de 2009
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"Y con la energía creadora llegaba el entusiasmo, los entusiasmos febriles de una mujer evidentemente insatisfecha para la que toda idea nueva anuncia el alborear de un nuevo dia y viceversa. Dado que las ideas que abrazaba eran triviales o le resultaban incomprensibles su fidelidad a tales ideas era correspondientemente breve y no contribuía en absoluto a llenar el vacío que dejaba en su vida la falta de logros y triunfos de Henry Wilt. Mientras él vivía en su imaginación una vida violenta, Eva, que carecía totalmente de imaginación, de hecho vivía violentamente. Se lanzaba a cosas, situaciones, nuevas amistades, grupos y encuentros con un abandono temerario que ocultaba el hecho de que carecia de vigor emotivo para persisitir más de un momento."

Wilt. Tom Sharpe
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jueves, 22 de enero de 2009

El coro de las dalias muertas

jueves, 22 de enero de 2009
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No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

Ciudad sin sueño. Federico García Lorca




En los tiempos en los que hasta las verdades absolutas se han vuelto efímeras y falsas no queda tiempo para dormir (a soñar ya ni me atrevo) hay que consumir, volcar nuestras ideas en una bolsa de papel al más puro estilo americano, y rellenarnos de prejuicios, cual pavo el día de Navidad.

Aquí la culpa se cura con Prozac y el cansancio con cafeína, los perdones se escriben en código Morse, no vaya a ser que alguien note que somos humanos. Y yo... yo me ahogo entre tanta agua embotellada... así que una vez más acabo la partida con el mundo corriendo en círculos cuadrados, buscando sucedáneos de sangre que chupar, escogiendo un punto del mapa al que huir de mi sombra y de esta maldita desgana con la que hemos envenado nuestras palabras.
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sábado, 20 de diciembre de 2008

Ganado de viernes

sábado, 20 de diciembre de 2008
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La música alta y unas cuantas copas de más y volvemos a ser carne de cañón. Buscamos un objetivo entre caras desconocidas siguiendo los patrones de la selección natural (como buenos animales de compañía que somos…) para volver a casa con un trozo de carne como trofeo.

Y luego… nada más. A volver a contar los días que quedan hasta el próximo fin de semana, a sobrevivir con las migajas que el amor se dejó por el camino.




Sobreviviré en casas de cantos, comeré de la ilusión,
me vestiré de versos, de palabras, me buscaré en cada flor.
Como mariposa que de gusano pasa al reino del color.
Esperaré sentado, como siempre he esperado,
el último verso, que destruya mi escenario.

Me he alquilado unas retinas para ver lo que me queda
en esta vida de mentiras, y tengo en casa golondrinas
que me cuentan que me esperas sentada en la orilla.
Esperaré sentado, como siempre he esperado,
el último verso que destruya mi escenario.


El último verso. Carlos Chaouen

sábado, 25 de octubre de 2008

Azúcar light

sábado, 25 de octubre de 2008
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“Qué pena recordar a las sirenas cada vez que pasan los bomberos, o la ambulancia, o la policía…”




Qué pena estar rodeado de sucedáneos. Pero es que en los tiempos del café descafeinado vivir de verdad sale demasiado caro. Y nosotros, cual ratas en crisis hemos acabado por cambiar querer por poder, hemos vendido los matices porque hay que soltar lastre para poder formar parte de la vida desnatada.

Y sacados a subasta los despojos de nosotros mismos empezamos a dormir tranquilos porque el alma pesa menos, y la sangre es de mentira. Así que hoy puedes morderme cual vampiro, pero no obtendrás más que sudores vacuos y alas derretidas.

martes, 21 de octubre de 2008

Rebelión en la cama

martes, 21 de octubre de 2008
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Hace tiempo leía un blog que perdí de vista, pero todavía guardo algunos pedacitos que merecen la pena:

"Y también llego el día en que mi cama se rebeló.

Iba a acostarme, acababa de ponerme el pijama y mullir la almohada cuando, al ir a retirar las mantas la cama exclamó “¡No, otra vez tú!”. Como ya no era ningún mozalbete impresionable y sabía que cosas así nunca pueden descartarse por completo, mi estupefacción no duró más que unos segundos, durante los que me mentalicé para la que presentía, sería la conversación más extraña que tendría aquel mes.

-¿Cuál es el problema? nunca te has quejado. De hecho nunca has dicho nada, ni siquiera sospechaba que pudieras hablar- me interesé, retomando la posición erguida.

-Estoy harta de que siempre duermas aquí.

-Eres mi cama, ¿Dónde quieres que duerma?- la interrumpí con toda lógica

-Y son las diez de la noche, ¡Un viernes! ¿No te da vergüenza acostarte tan pronto?

-No.

-Bufff- resoplo la cama- Y además sólo, ¿Hace cuanto tiempo que no traes a nadie?

-No lo recuerdo- admití.

-Me aburro tanto…me siento tan inútil…-comenzó a autocompadecerse la cama.

-Esta bien, mañana hablaremos de ello, ahora tengo sueño- dije, recostándome sobre ella.

-¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Qué asco! ¡Qué asco tu tacto!- chilló fuera de sí, poniéndose áspera y urticante hasta que me picó todo el cuerpo y tuve que incorporarme de un salto.

-¡Basta! Eres mobiliario; y por tanto irracional.

-¡La razón! ¡La diosa razón! ¡Siempre la razón!... todos esos importantísimos libros que lees antes de dormir y que luego dejas tirados encima de mí…como si fuera una vulgar estantería. No fui diseñada para eso, sino…sino… ¡Para el amor!- exclamó, emocionándose con sus propias palabras y llorando calcetines.

-¡Cielos, es repugnante! Está bien, ¿Quieres que traiga a alguien?, de acuerdo, lo traeré, pero quién o qué será, eso no lo puedo asegurar, sólo espero que con eso te calles y me dejes dormir en paz.- dije mientras me cambiaba de ropa de nuevo, apresuradamente, y me disponía a salir hacia el centro, dejando a la cama sola con sus desvaríos.

Unas horas después, agotado y apestando a humo, irrumpía en la habitación seguido de una abogada que hacía observaciones aleatorias acerca del futuro y de la música, mientras terminábamos de desvestirnos. Yo por mi parte reparé en que la cama había aprovechado mi ausencia para arreglarse; estaba aseada, fresca, con sábanas nuevas.

Tampoco tardé mucho en percatarme de que, tendida sobre ella, con esas medias de rejilla, la abogada parecía un jamón cocido. Su actitud también era la de un jamón cocido. Dudaba si ahumarla. Pero a ella, a la cama, no parecía importarle, parecía haber vuelto al mutismo propio de los buenos muebles y no emitió más que un hondo chirrido de placer, cuando sin pensármelo demasiado, me incluí en la abogada y empecé a penetrar su cuerpo vacío de información.

No me quedó claro si todo este esfuerzo había merecido la pena hasta que, tras un descanso que se tornó definitivo, considerando que podía hablar con libertad, me volví hacia el colchón y pregunté – ¿Estás contenta? ¿Me dejarás ya dormir?- y como contestación no obtuve mas que un delicioso, cálido, silencio."

Enrique Garret.


Siempre fue más fácil llenar la cama que el corazón, que le vamos a hacer...