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lunes, 14 de junio de 2010

Nuestro hombre en La Habana

lunes, 14 de junio de 2010
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- Le puedo dar un certificado médico –dijo el doctor Hasselbacher.

- ¿Usted nunca se preocupa por nada?

- Tengo una defensa secreta, mister Wormold. Me intereso en la vida.

- Yo también, pero…

- A usted le interesa una persona, no la vida, y la gente se muere o nos deja…, lo siento, no me refería a su mujer. Pero si a usted le interesa la vida, nunca le defraudará. Me interesa la azulinidad del queso. A usted no le da por los crucigramas, ¿verdad, mister Wormold? A mí sí, son como las personas: se llega al fin. Puedo terminar cualquier juego de crucigramas en una hora, pero tengo un descubrimiento respecto a la azulinidad del queso que nunca llegará a una conclusión…, aunque uno, por supuesto, sueña con que llegue un momento… Algún día tengo que mostrarle mi laboratorio.

- Tengo que irme Hasselbacher.

- Debería soñar más, mister Wormold. La realidad en nuestro siglo es algo que no debe afrontarse.



Extracto de "Nuestro hombre en La Habana", de Graham Greene
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lunes, 12 de abril de 2010

De flores o de peces

lunes, 12 de abril de 2010
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De vez en cuando, rebuscando entre los textos viejos, esos que has leído mil veces, encuentras de pronto que hay uno que respira, que empapa con su aliento los cristales de una habitación azul. Y de ese modo las palabras densas, irrevocables empiezan a trepar por la espalda de aquellos dignos de sucumbir a los narcóticos que encierran…



“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.”


Rayuela, capítulo 7. Julio Cortázar
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miércoles, 31 de marzo de 2010

Einmal ist keinmal

miércoles, 31 de marzo de 2010
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“El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero, ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma?. Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro…”


La insoportable levedad del ser, Milan Kundera




Einmal ist keinmal. Lo que sólo ocurre una vez, es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.
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martes, 24 de marzo de 2009

Más de un momento

martes, 24 de marzo de 2009
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"Y con la energía creadora llegaba el entusiasmo, los entusiasmos febriles de una mujer evidentemente insatisfecha para la que toda idea nueva anuncia el alborear de un nuevo dia y viceversa. Dado que las ideas que abrazaba eran triviales o le resultaban incomprensibles su fidelidad a tales ideas era correspondientemente breve y no contribuía en absoluto a llenar el vacío que dejaba en su vida la falta de logros y triunfos de Henry Wilt. Mientras él vivía en su imaginación una vida violenta, Eva, que carecía totalmente de imaginación, de hecho vivía violentamente. Se lanzaba a cosas, situaciones, nuevas amistades, grupos y encuentros con un abandono temerario que ocultaba el hecho de que carecia de vigor emotivo para persisitir más de un momento."

Wilt. Tom Sharpe
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lunes, 19 de enero de 2009

Kafka en la orilla

lunes, 19 de enero de 2009
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"A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo."



Extracto de Kafka en la orilla, de Haruki Murakami
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lunes, 24 de noviembre de 2008

A la sombra de un radiador

lunes, 24 de noviembre de 2008
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Hay días que el frío te cala hasta los huesos, esos en lo que el verano queda tan lejos que apenas recuerdas el tacto del sol en la piel. La piel de gallina y el cuerpo estremeciéndose, buscando mantas bajo las que esconderse a falta de calor humano.

Hay días en los que el viento le arranca a uno las lágrimas que las penas no le hicieron derramar, y entonces el ambiente se llena de muecas de dolor, de suspiros y temblores al ritmo de las monturas de los jinetes del Apocalipsis.

Hay días en los que el invierno hiere como si sostuviera en sus manos miles de puñales apuntando al pecho de los que se negaron a rendirle pleitesía. Amenazador y callado, usurpando el calor de la sangre bombeada por los corazones del verano.

Hay días en los que lo mejor que uno puede hacer es enamorarse de un buen libro y pedirle que se vaya a la cama contigo. Siempre escondidos a la sombra de un radiador…



Se acabó el tiempo de las cerezas, se acerca el invierno.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Capítulo 68

domingo, 2 de noviembre de 2008
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"Apenas el le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar la incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se epejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer una fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumo, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposdos en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se relviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias."

Rayuela. Julio Cortázar


Dedicado a los que no vienen aquí en busca de obviedades.