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martes, 12 de mayo de 2009

Somnolencias

martes, 12 de mayo de 2009
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Nadie importante fue tan inexorable como lo son los sueños. Laberinto de ortigas donde perderse, donde amanecer con la miel en los labios y en las legañas. Lugar de ocio y de extravío en el que las entrañas no son más que el escenario de un teatro. Guión sin drama, frases sedientas llenas de bocas, impulsos que arrancan los postigos de las ventanas. Todo aquello de lo que tus ojos prescinden de día, aquí es donde tiene cabida, así que no busques razones, ni escrúpulos, ni peros, ni cuandos, hoy sólo quedaban salivas.



"No tienes cara, ni nombre, ni oficio ni beneficio. Eres sólo la sombra pegada a mi espalda, las manos que agarran, los dientes que arañan. Las balas arrancando a bocados el sudor de mi pecho. Un ladrón que esparce los pliegues de mi falda por el suelo.

No necesitas excusas, ni pides permiso. Tan sólo me atrapas, me cierras los ojos y me recuerdas que me sobran otros tres sentidos, y es que a fin de cuentas eres otra vez la noche implacable, cada “no” amordazado, los brazos que abrazan como un bolero. Resbalando siempre. Lento, lento… lento."





Qué bonito sería jugarse la vida, probar tu veneno.

Qué bonito sería arrojar al suelo la copa vacía...

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miércoles, 1 de abril de 2009

Deliciosamente, abril

miércoles, 1 de abril de 2009
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Hoy he mirado el calendario y se me ha llenado la boca de flores: Abril...




Cinco letras deliciosas con las que revolver la cama entre versos de Machado y amapolas rojas. Cinco letras para seguir llenando las noches de insomnio con puntos suspensivos suspendidos de tus botas...
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sábado, 14 de marzo de 2009

Alicia en el laberinto

sábado, 14 de marzo de 2009
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Me gusta el olor de las sábanas recién lavadas cuando en las noches de viernes se revuelve con el humo de mi pelo.

Me gusta esnifar el tiempo cual suicida sin vocación para llenarme las venas de tardes de parque con la piel ardiendo al sol.

Me gusta el sabor amargo del café la mañana después de arreglar mi vida entre sangrías y un puñado de sonrisas.

Me gusta el agua fría resbalando por la piel, apagando las hogueras que a veces consumen el buen hacer.

Me gusta acribillar hojas en blanco en las madrugadas insomnes.

Me gusta que suene mi canción cuando pongo el modo aleatorio porque todavía me revuelve las entrañas como si fuera la primera vez.




Y es que por mucho que me pierda en mi enrevesado laberinto emocional al final siempre vuelvo a lo simple, a las brisas de aire que llenan las velas para llevarte a (buen) puerto mientras dejo que me meza el vaivén del mar.
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viernes, 27 de febrero de 2009

Incandescente

viernes, 27 de febrero de 2009
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"El aire huele a pan,

los hornos están al rojo vivo,

tápame la boca, que voy a gritar.

La incandescencia no se puede explicar así, en frío."




Me encantaría poder decir a quien le robé este texto, pero ya sabemos que a mi memoria le gusta jugar al escondite conmigo. Así que hoy me tendré que resignar a quedar como una vulgar ladrona de palabras, que no encuentra el tiempo ni la manera de plasmar sobre esta hoja en blanco el torbellino de ideas que corren por sus venas.

Otro día más.

Y mejor, por supuesto.
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jueves, 18 de diciembre de 2008

Los desgarros del insomne

jueves, 18 de diciembre de 2008
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Otra noche que veo pasar las cuatro por mi reloj. Buscando el sueño entre los rincones más oscuros de mi habitación, he hallado a cambio tan sólo polvo y otra dosis de impaciencia.

He intentando mantener a raya los remolinos que el insomnio crea en mi cabeza, pero no consigo más que alimentar con leña verde las hogueras que me rodean. Y entre tanto humo, poco fuego y más problemas.

Y es que entre tanta arena que cae de los relojes uno confunde lo propio con lo empático, y acaba por no saber si el dolor es el de su piel lacerada o el del hombro que sangra junto al suyo. Así que hoy mi corazón ha decidido encabritarse por cuatro dolores ajenos, por cuatro punzadas que no puedo curar.

Pero en lugar de huir bajo las mantas y hacer como que puedo dormir a esta cabeza loca sólo se le ha ocurrido vestir las pieles de los animales heridos y sembrar palabras en retazos de papeles que mañana por la mañana acabarán en la basura mientras busco el maquillaje para tapar la ojeras.

Puede que no haya sido suficientemente buena como lazo, que dejara sin amarrar todos los botes a este puerto, pero no me he vuelto sorda, ni ciega, ni desatenta, sigo aquí, al lado de las paredes, esperando que por una vez alguien venga a buscarme a mí, a amarrarme a las cosas que merecen la pena. Esperando para poder dar todo lo que llevo dentro antes de que se derrame entre aviones y desiertos.