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Nadie importante fue tan inexorable como lo son los sueños. Laberinto de ortigas donde perderse, donde amanecer con la miel en los labios y en las legañas. Lugar de ocio y de extravío en el que las entrañas no son más que el escenario de un teatro. Guión sin drama, frases sedientas llenas de bocas, impulsos que arrancan los postigos de las ventanas. Todo aquello de lo que tus ojos prescinden de día, aquí es donde tiene cabida, así que no busques razones, ni escrúpulos, ni peros, ni cuandos, hoy sólo quedaban salivas.

"No tienes cara, ni nombre, ni oficio ni beneficio. Eres sólo la sombra pegada a mi espalda, las manos que agarran, los dientes que arañan. Las balas arrancando a bocados el sudor de mi pecho. Un ladrón que esparce los pliegues de mi falda por el suelo.
No necesitas excusas, ni pides permiso. Tan sólo me atrapas, me cierras los ojos y me recuerdas que me sobran otros tres sentidos, y es que a fin de cuentas eres otra vez la noche implacable, cada “no” amordazado, los brazos que abrazan como un bolero. Resbalando siempre. Lento, lento… lento."
No necesitas excusas, ni pides permiso. Tan sólo me atrapas, me cierras los ojos y me recuerdas que me sobran otros tres sentidos, y es que a fin de cuentas eres otra vez la noche implacable, cada “no” amordazado, los brazos que abrazan como un bolero. Resbalando siempre. Lento, lento… lento."
Qué bonito sería jugarse la vida, probar tu veneno.
Qué bonito sería arrojar al suelo la copa vacía...
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