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domingo, 1 de febrero de 2009

Urgencias e importancias

domingo, 1 de febrero de 2009
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Y de pronto una lección de perspectiva.

Ver en un segundo como tus problemas encogen hasta parecer ridículos, sentir de repente el peso de tu vida en esa cuerda floja llamada azar. Utilizando un cuerpo demasiado cercano para ser capaz de llamarlo ajeno.

Prometo que mis espinas ya no valen más la pena, que las voy a arrancar una por una hasta que la sangre de sus huecos empape mi piel. Sólo para sentirme viva, para recordar que entre lo urgente y lo importante hay un abismo que tengo que aprender a cruzar.

Me voy a reciclar, incendiar lo que me quema, destruir lo que me consume. Voy a reinventarme tras el golpe de entender que no tengo el tiempo entre mis manos. Voy a cambiar hasta estar segura de que el día que se me parta la vida sólo se derramarán diez mil sonrisas y un alma con sabor a mar.




"Nacer, vivir, destello, extravío.
La vida, el tirón de la vida.
Lo veo en la gente, en el tiempo presente.
Celeste cuerpo, amor de fogón.
Expuestos al quebranto, a la perfidia,
al goce y al perdón.
Dispuestos para cada instante
de hambre de vida.

Sabré que andar, sentir,
es ir más lento, parar.
Y a ratos desprenderse, que al fin
pureza del aire colma el pecho y las ansias.
Sabré que despertar a ese sencillo vaivén
es lento; es arribar a serenos confines
en papeleo de mariposas, hacía un fiordo
o en el cobalto azul del huracán."


Sabrás que andar es un sencillo vaivén. Manolo García
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viernes, 26 de diciembre de 2008

Promesas que no valen nada

viernes, 26 de diciembre de 2008
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Escribí mil promesas en un papel. E incumplí cada una de ellas.

Encauzar los errores viejos. Controlar mis nervios. Dar caza a las bandadas de pájaros que pueblan mi cabeza. Olvidarte. Volverme asequible. Perdonar mejor, que no es lo mismo que perdonar más. Aprender a cocinar. Buscar un nuevo lugar para echar raíces. Tocar con los pies la tierra un poco más a menudo. Doblar alguna vez la rodilla. Desaprender lo que significa egoísta. Dejar de beber. Volver entender la inocencia y no desmembrar la de los demás…

Me prometí tantas cosas que si las hubiera cumplido apenas podría reconocerme. ¿Pero qué queda de nosotros si nos cansamos de intentar ser mejores? ¿Qué pasa cuando te dejas llevar por la rutina decadente? Puede que los buenos propósitos se esfumen como las nieblas matutinas, pero son el motor de nuestros días, la ilusión de cada principio de año. Así que una vez más llenaré las páginas de bonitas mentiras que, por supuesto, esta vez pienso cumplir.