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miércoles, 9 de diciembre de 2009

En el revés de la aurora

miércoles, 9 de diciembre de 2009
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Tengo prisa por ir a algún sitio. Tengo ganas de llegar. De dejar de quedarme a medias. Pero tengo la intuición como una veleta estropeada y lo único que hago es girar sin eje, como una elipse mal dibujada, para volver a tropezar con las líneas de mis manos.

Me canso de ser un por si acaso, un ten cuidado. Me hastía oír tantas veces “Carpe diem” y no ser capaz de tatuármelo con tinta china sobre la piel. Necesito bajar de las nubes a la carretera, y ser Sal Paradise persiguiendo a Dean, volviéndonos locos bajo las banderas de la libertad. Cubrir las heridas de polvo y salir a bailar.

Me gustaría poder desprenderme del peso de no tener alas y correr lento tras los conejos blancos con reloj. Quiero ser brutal y apasionante, como la mejor de las novelas que hayas leído. Subir al techo y caer de pie.


Barrer la estela de la vida de los locos hasta que se desgasten los diez centímetros de mis tacones rojos. Sin frenos. Ni dudas. Ni pájaros en la cabeza. Sólo la adrenalina pura y vibrante de vivir como la nota de un saxo en éxtasis.

Ser bastante.

Suficiente.

Arañarte la piel hasta hacerte sangrar. Hasta que duela demasiado. Eso, eso es… demasiado.



"Cómo atrever esta impura
cerrazón de sangre y fuego,
esta urgencia de astro ciego
contra tu feroz blancura.
Ausencia de la criatura
que su nacimiento espera,
de tu nieve prisionera
y de mis venas deudora,
en el revés de la aurora
y el no de la primavera."


La página vacía. Sara de Ibánez
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martes, 28 de abril de 2009

Cienes y cienes de veces

martes, 28 de abril de 2009
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Hoy debería ser un gran día. Debería estar volando a casa con cien velas por equipaje, con cien excusas para abrazarte.




Mas quiso el cuerpo deshacerse antes de que el tiempo te alcanzase, mucho antes de que nuestro verbo decidiera ponerle el punto final a las frases. Así que aquí me tienes, jodida y radiante, buscando una salida de emergencia, un sucedáneo que me calme, algún arma con la que paliar esta rara soledad con la que la rama extraña raíces que la amarren.

Maldiciendo que, después de todo, todas las mechas se apaguen.

Pero aprendí a guardar las penas en un tarrito y a perderme en la ciudad de tus historias, a imaginar tranvías volando por las calles. A trepar por la Gran Vía entre adoquines y fantasmas buscando los recuerdos que todavía retienen el soplo de tus pasos, de tu alma, de nuestra sangre.

Y así entre todo recomponerte parte por parte, reconstruirme para echarte de menos un poco más allá de lo razonable. Para dibujar en las paredes tu voz vieja y templada revuelta de historias lentas, de la tranquilidad del que todo lo sabe. Recomponerte y recordar que como decía el poeta la esencia de la vida reside en lo que la muerte no puede quitarte.

Una carta escrita a impulsos, cualquier tarde de domingo, cien sonrisas repetidas una noche de verano en la terraza, otra escapada a tu casa, tantas y tantas llamadas improvisadas…

Así que después de envolverme de razones vuelvo a tragarme el nudo en la garganta para hablar de ti con la voz firme, para susurrarte al oído que no puedo olvidarte, que no quiero olvidarte, que eres más que el centésimo aniversario de las cenizas que no arden.

Hoy me he dado cuenta que soy mucho más afortunada de lo que creo, porque puede que algunos nazcan con estrella, pero yo… yo nací con abuelo.






"No me cansaré de pensaré de pensar que estás
a mi lado, pero no como una sombra..."
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miércoles, 25 de marzo de 2009

Femme fatale

miércoles, 25 de marzo de 2009
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Y siempre acabo volviendo a Wilde cual excéntrica sin vocación ni tiempo que perder. Pero es que hoy quería jugar a ser mujer fatal, ambiciosa y destructiva, y necesitaba un texto que bordarme en la piel.

Aunque sin saber cómo ni por qué los vientos de esta absurda primavera me han arrancado el adjetivo de fatal y me han dejado vacía y desnuda, supurando las lágrimas que no quise aprender a llorar.

Y así, una vez más acabo convertida en tragedia dulce y sangrante, en estrella del rock pasada de moda, en esa hoja en blanco que ve como por primera vez la vida le tatúa un “no”. Recordando que el papel de vencedora arde como el que más cuando las llamas le besan la piel…




“No has querido dejarme besar tu boca, Iokanaán. Pues bien, la besaré ahora. La morderé con mis dientes como si fuera un fruto maduro. Sí, besaré tu boca. Iokanaán. ¿Acaso no te lo dije? Ahora la besaré.

Pero ¿por qué no me miras, Iokanaán? Tus ojos, tan terribles, con aquel fulgor de cólera y desprecio, están ahora cerrados. ¿Por qué están cerrados? ¡Abre los ojos! Alza tus párpados, Iokanaán. ¿Por qué no me miras? ¿Es que acaso me temes, Iokanaán?

Y tu lengua, que era como una serpiente roja que destilara veneno, está ahora inmóvil y muda, Iokanaán, esta víbora roja que vomitó sobre mí su veneno. Es extraño. ¿Verdad? ¿Por qué está ahora inmóvil la víbora roja? No has querido saber nada de mí, Iokanaán. Me has rechazado. Me has dicho cosas infames. Me has tratado como a una cortesana, como a una prostituta, ¡a mí, la hija de Herodías, princesa de Judea! Pues bien, Iokanaán, yo vivo aún, pero tú has muerto y tu cabeza me pertenece. Puedo hacer con ella lo que quiera. Puedo arrojarla a los perros o hacer que sirva de pasto a las aves. Las aves devorarán lo que hayan dejado los perros...

[…]

¡Ah! ¿Por qué no me miraste, Iokanaán? Si me hubieras mirado, me habrías amado. Sé que me habrías amado, y el misterio del amor es más profundo que el misterio de la muerte.”


Salomé. Oscar Wilde
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sábado, 14 de febrero de 2009

Entre Cernuda y piruletas

sábado, 14 de febrero de 2009
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Si los bits pudieran pronunciar la palabra amor, sería algo parecido a esto:


Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.


Luis Cernuda




PD: ¡Feliz San Valentín! Yo me largo a buscar otro saco rojo y solitario, que hoy con las piruletas no me basta. Ñam!
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domingo, 1 de febrero de 2009

Urgencias e importancias

domingo, 1 de febrero de 2009
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Y de pronto una lección de perspectiva.

Ver en un segundo como tus problemas encogen hasta parecer ridículos, sentir de repente el peso de tu vida en esa cuerda floja llamada azar. Utilizando un cuerpo demasiado cercano para ser capaz de llamarlo ajeno.

Prometo que mis espinas ya no valen más la pena, que las voy a arrancar una por una hasta que la sangre de sus huecos empape mi piel. Sólo para sentirme viva, para recordar que entre lo urgente y lo importante hay un abismo que tengo que aprender a cruzar.

Me voy a reciclar, incendiar lo que me quema, destruir lo que me consume. Voy a reinventarme tras el golpe de entender que no tengo el tiempo entre mis manos. Voy a cambiar hasta estar segura de que el día que se me parta la vida sólo se derramarán diez mil sonrisas y un alma con sabor a mar.




"Nacer, vivir, destello, extravío.
La vida, el tirón de la vida.
Lo veo en la gente, en el tiempo presente.
Celeste cuerpo, amor de fogón.
Expuestos al quebranto, a la perfidia,
al goce y al perdón.
Dispuestos para cada instante
de hambre de vida.

Sabré que andar, sentir,
es ir más lento, parar.
Y a ratos desprenderse, que al fin
pureza del aire colma el pecho y las ansias.
Sabré que despertar a ese sencillo vaivén
es lento; es arribar a serenos confines
en papeleo de mariposas, hacía un fiordo
o en el cobalto azul del huracán."


Sabrás que andar es un sencillo vaivén. Manolo García
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jueves, 4 de diciembre de 2008

Inexorable

jueves, 4 de diciembre de 2008
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Cuando los campos se marchitan, las amapolas sangran...




Madre: He de estar serena. Porque vendrán las vecinas y no quiero que me van tan pobre. ¡Tan pobre! Una mujer que no tiene un hijo siquiera que poderse llevar a los labios.

(Aparece la Novia. Viene sin azahar y con un manto negro)

Vecina: ¿Dónde vas?

Novia: Aquí vengo.

Madre: ¿Quién es?

Vecina: ¿No la reconoces?

Madre: Por eso pregunto quién es. Porque tengo que no reconocerla, para no clavarle mis dientes en el cuello. ¡Víbora! (A la vecina) ¿La ves? Está ahí y está llorando, y yo quieta sin arrancarle los ojos. No me entiendo. ¿Será que yo no quería a mi hijo? Pero ¿y su honra? ¿Dónde está su honra? (Golpea a la novia y ésta cae al suelo).

Vecina: ¡Por dios! (Trata de separarlas).

Novia: (A la vecina) Déjala. He venido para que me mate y me lleven con ellos. (A la madre) Pero no con las manos; con garfios de alambre, con una hoz, y con fuerza, hasta que se rompa en mis huesos. ¡Déjala! Que quiero que sepa que yo soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos.

Madre: Calla, calla, ¿qué me importa eso a mí?

Novia: ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua fría y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos.

[…]

Bodas de Sangre. Federico García Lorca

lunes, 24 de noviembre de 2008

A la sombra de un radiador

lunes, 24 de noviembre de 2008
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Hay días que el frío te cala hasta los huesos, esos en lo que el verano queda tan lejos que apenas recuerdas el tacto del sol en la piel. La piel de gallina y el cuerpo estremeciéndose, buscando mantas bajo las que esconderse a falta de calor humano.

Hay días en los que el viento le arranca a uno las lágrimas que las penas no le hicieron derramar, y entonces el ambiente se llena de muecas de dolor, de suspiros y temblores al ritmo de las monturas de los jinetes del Apocalipsis.

Hay días en los que el invierno hiere como si sostuviera en sus manos miles de puñales apuntando al pecho de los que se negaron a rendirle pleitesía. Amenazador y callado, usurpando el calor de la sangre bombeada por los corazones del verano.

Hay días en los que lo mejor que uno puede hacer es enamorarse de un buen libro y pedirle que se vaya a la cama contigo. Siempre escondidos a la sombra de un radiador…



Se acabó el tiempo de las cerezas, se acerca el invierno.