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jueves, 24 de junio de 2010

Tormentas en las almohadas

jueves, 24 de junio de 2010
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Me encanta ese instante en el que todo el violeta del cielo descarga sobre mi ventana... Gota a gota estallando en los cristales, pidiendo a gritos que suba los toldos, que abra los postigos, que deje que la humedad polinice toda la casa con su olor... hasta que me crezcan tormentas en las almohadas.


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sábado, 15 de agosto de 2009

Principio de incertidumbre

sábado, 15 de agosto de 2009
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sábado, 13 de junio de 2009

Emergencias subcutáneas

sábado, 13 de junio de 2009
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Cuando el fuego se cuela por las ventanas de Madrid no hay mejor antídoto que el olor a cloro en el pelo y a crema en la piel.
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sábado, 23 de mayo de 2009

Sommersturm

sábado, 23 de mayo de 2009
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Yo también quiero ser una tormenta de verano.


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Quiero oler a tierra mojada. Calmarte los ánimos. Apagar las hogueras. Sosegar Madrid armando un escándalo de truenos y rayos. Hacer correr al viento. Vestir el cielo de un color violáceo y romperlo a destellos un instante después.

Quiero cambiarte el día. Arrancarte el calor. Ponerte las entrañas en remojo. Sorprenderte sin paraguas para confundirme entre las gotas de tu sudor. Sacarte a la ventana y cerrarte los ojos para respirar mejor.

Quiero romperte los esquemas. Deslumbrarte. Atronarte. Bañarte de mí. Revolverte el pelo. Electrizar tu noche. Y largarme después a morir en cualquier charco.
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martes, 7 de abril de 2009

La importancia de mirar por la ventana

martes, 7 de abril de 2009
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Cada cambio de temperatura me revuelve y me desorienta. Cada cambio de lugar no tan sólo me equivoca, me pierde y me extravía, sino que se bebe mis horas y empaqueta mis ideas. Será por eso que entre excusas y razones estos días no alcanzo a encontrar el tiempo para las nanas nocturnas de este rincón naranja demasiado acostumbrado a Madrid.

Pero tratando de no caer en el abandono vacacional hoy he robado para vosotros una historia sobre caritas de tonto y sonrisas avergonzadas, esperando que una vez más cada uno podamos escribir el final de nuestras propias historias.


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viernes, 13 de febrero de 2009

El viento en las velas

viernes, 13 de febrero de 2009
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Otra vez el aire en las velas, y sol bañando mi piel. Suave…



Me he cansado de esperar al lunes para hacer buenos propósitos, así que hoy tras la legañas me he arrancado las pieles muertas y las ideas absurdas, he incinerado el cansancio y la desidia para poder empezar a desintoxicarme de esa parte que a veces me ciega y me mata.

Vuelvo a poner los pies en la tierra y las ganas a punto para empezar, o para seguir, para ir a cualquier lado o para quedarme aquí, para que el viento decida el camino, para que sólo importe ser feliz.

Estos deben ser los efectos de dormir más de seis horas...
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domingo, 9 de noviembre de 2008

No enciendas la luz

domingo, 9 de noviembre de 2008
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Entonces la ventana se abrió de par en par, como antiguamente, y Peter Pan entró por ella.

[...]

Era un niño todavía, mientras ella era una persona mayor. Se acurrucó al lado del fuego, y no se atrevía moverse. Se sentía culpable de ser ya una mujer.

-Hola Wendy- dijo él sin notar diferencia alguna, pues en aquella débil claridad el blanco vestido de la dama podía muy bien haber sido el camisón de dormir con el cual la vio por primera vez.

-Hola, Peter- dijo ella débilmente, empequeñeciéndose cuanto fue posible.

-Peter Pan- dijo ella temblando-, ¿esperas acaso que yo vuelva contigo?

-Naturalmente. Para eso he venido-.Y añadió con cierta severidad-: ¿Has olvidado que es la época de la limpieza de la primavera?

-No puedo ir-dijo excusándose-, me he olvidado de volar.

-Pronto te enseñaré otra vez.

-Peter Pan: no malgastes en mi el polvo de las alas de las Hadas.

Se habían levantado y un temor asaltaba ahora al niño.

-¿Qué es eso?-gritó estremeciéndose.

-Voy a encender la luz- repuso ella-, y entonces podrás verlo por ti mismo.

Casi por primera vez, que nosotros sepamos, Peter Pan se asustó.

-¡No enciendas la luz!-clamó.

Peter Pan. James M. Barrie


Si no quieres que te encuentren deberías cerrar mejor las ventanas Wendy.