sábado, 13 de diciembre de 2008

Despojado de efectos

sábado, 13 de diciembre de 2008
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"Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas."

Pablo Neruda



Esperemos que encuentres lo que esparabas.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Réquiem por un sueño

viernes, 12 de diciembre de 2008
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Juntamos otra vez
tu juego y mi razón, mi juego y tu razón.
Quedamos a las diez
para recuperar nuestro hilo conductor.

Y dices que no pasa nada, que el jet-lag no te afectaba,
y regresaste cantando, no te veré por un rato.
Y dices que no pasa nada, que yo lo necesitaba,
me tiro por la ventana de tu casa encantada.

Yo me comí las paredes, tú te empapaste en Granada
de la mirada urgente que te sonríe atontada.
La semana pasada no era lo que esperabas,
sólo fue un movimiento que hiciste fuera de tiempo.

Yo lo necesitaba, dices que no pasa nada,
que volar no te afectaba y yo
me guardo el corazón, me guardo el corazón.

No vuelvas a llamar si no es para decir
que todo está al revés.




El otro día me dio por ponerme a escuchar discos de Iván Ferreiro… Y te vi en las canciones, a ti que hace tanto que no te veía en ningún sitio…

Te despojé de tus encantos y sólo me quedaron un par de calaveras que ardieron por jugar con fuego. Al fin comprobé que las cenizas de la carne se las había llevado el viento, que ya no había sangre que bombeara los corazones, y todo se quedó tan calmo y vacío que se me evaporó el alma de la pena.

Pero es que la vida te lleva por caminos raros y a veces es necesario autoinmolarse para sobrevivir, aniquilar la mejor parte de uno mismo porque no es el momento apropiado. Tocar de nuevo un réquiem por las canciones que ya no dicen nada de ti.


Magia para evitar lo inevitable,
magia para olvidar lo fácil que se olvida
como por arte de magia.

Y hubo magia que borró todas las pisadas,
magia, dolía mucho y no fue nada,
magia en que todo acaba.
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jueves, 11 de diciembre de 2008

Cuestión de educación

jueves, 11 de diciembre de 2008
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¡Por mí y por todos mis compañeros!




Pero, ¿por mí primero?

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Un café con sal

miércoles, 10 de diciembre de 2008
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¿Fue como beso o llanto?
¿Nos hallamos con las manos,
buscándonos a tientas,
con los gritos clamando,
con las bocas que el vacío besaban?

¿Fue un choque de materia y materia,
combate de pecho contra pecho,
que a fuerza de contactos
se convirtió en victoria gozosa de los dos,
en prodigioso pacto de tu ser con mi ser enteros?

¿O tan sencillo fue, tan sin esfuerzo,
como una luz que se encuentra con otra luz,
y queda iluminado el mundo,
sin que nada se toque?

Pedro Salinas




Analizándonos, divagando acerca de lo humano y lo divino, intuyéndonos tras las palabras, se pasan las horas sin llegar a ninguna conclusión. Tras muchos cafés, las noches en vela, los paseos y un par de cañas volvemos al punto de partida.

Pero, así de pronto, mientras cae la noche nos damos cuenta de cuánto hemos crecido, de cuánto hemos ganado, de que no necesitamos conclusiones porque tenemos intensidad, de que no hay un punto de llegada, sino una dulce caída en espiral.

Y pasito a pasito hemos sobrevivido, unas veces hablando mucho, otras callando demasiado. Pero enteros al fin y al cabo, menos grandes, pero más llenos.

Ya sé que dices que “siempre” no existe, pero te equivocas. Siempre estaré aquí.


martes, 9 de diciembre de 2008

Una sed de ilusiones infinita

martes, 9 de diciembre de 2008
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He buscado en el diccionario alguna palabra que me definiera. He leído páginas llenas de tecnicismos y adjetivos podridos de moderación, y he acabado por arrancar cada una de ellas para hacer una hoguera que caliente esta horrible noche de invierno.



Pero en algún momento empezaron a sonar las palabras que el papel no supo pronunciar:

Un terremoto emocional endemoniado,
un jaguar que les observa desde la espesura de la selva.
Una cinta de seda alrededor
de una bomba de relojería a punto de estallar.

Una maniobra de nunca atracar,
un perfume de aromas orientales,
un desayuno con tamales,
un accidente previsto en los planes.

Una contienda contenida y loca,
un beso en la boca de la botella
de flor de caña -gran reserva-,
sobre una mesa repleta de vasos vacíos
y limones exprimidos.

Una sed de ilusiones infinita,
donde nacen y mueren
las acciones que brillan,
en el tiempo que contempla
un mundo hecho a medida,
no sólo del que siembra,
sino del que es semilla.


El aragonés errante. Enrique Bunbury


lunes, 8 de diciembre de 2008

Allí donde se cruzan los caminos

lunes, 8 de diciembre de 2008
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Los domingos me gusta sentarme en el lado izquierdo del autobús para ver atardecer. Siempre en dirección norte, huyendo a casa, o de casa, nunca lo llegué a tener demasiado claro...




Dispuesta una vez más a diluirme en Madrid como una cucharada de sal en medio del mar. Sintiéndome segura en el anonimato de las calles superpobladas... Una oveja más para el rebaño de la gran ciudad. Balando y bailando al son que tocan sus semáforos.

Hay quien dice que les agobian el tráfico o la distancia, pero yo me hice irremediablemente adicta a cada uno de sus defectos. Quizá porque dejé repartidas por su calles demasiadas partes de mí misma. Porque son las que repiten el eco de mis tacones las noches de sábado y escuchan mis bostezos la mañana siguiente.

Una vez escuché que nunca las calles nuevas fueron caminos, y debe ser que el ritmo que marca la rutina haya convertido en extraño todo lo que no es esta mole de edificios en mitad del país. Supongo que en algún punto de los últimos cuatro años debí echar el ancla al sur de Chamberí.


"Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid."


domingo, 7 de diciembre de 2008

Mordiendo manzanas

domingo, 7 de diciembre de 2008
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"Puedo resistirlo todo excepto la tentación".




¿Y para qué oponer resistencia con lo dulce que es sucumbir? ¿Por qué no dejarse llevar hasta saciar nuestras pasiones? Nunca creí en la cultura de la sobriedad, desde luego no iba a empezar hoy...

sábado, 6 de diciembre de 2008

Días de trigo y noches de hierbabuena

sábado, 6 de diciembre de 2008
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-Pero si me domesticas mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan a nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo…

El zorro calló y miró largo tiempo al principito.

-¡Por favor…, domestícame! – dijo.

-Me gustaría, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas – respondió el principito.

-Sólo se conocen las cosas que se domestican –dijo el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca…

Al día siguiente volvió el principito.

-Hubiese sido mejor venir a la misma hora –dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.

-¿Qué es un rito? –dijo el principito.

-Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora de las otras horas.

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:

-¡Ah!... –dijo el zorro-. Voy a llorar.

-Tuya es la culpa –dijo el principito-. No deseaba hacerte mal, pero quisiste que te domesticara…

-Sí –dijo el zorro.

-Entonces, no ganas nada.

-Gano – dijo el zorro-, por el color del trigo…




Para vosotras, por manteneros unidas, por valorar lo que eso supone, por esforzaros en comprender a las demás, por legarnos lo mejor de vuestras aficiones, por compartir el tiempo y no sólo el espacio. Por todas las cosas que anoche me hicieron tener que contener lágrimas de alegría: gracias. ¡Me habéis tocado la patata, chicas!


viernes, 5 de diciembre de 2008

El eco sordo de mi voz

viernes, 5 de diciembre de 2008
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Esa canción todavía me eriza la piel. Cada acorde me habla de lo maravilloso y de lo duro de lo que me ha pasado. Cada nota guarda un instante en el que fui feliz, en el que gané o en el que me quede viendo las oportunidades pasar. Más bueno que malo, pero todo productivo (el caso es salir ganando).

Las noches en el parquecillo, donde nació allá por el año 2000, en los tiempos del John Wayne Circus, ¿te acuerdas? Noches en las que el mundo paraba, y se sentaba a echarse unas risas. Noches que me convirtieron en un corazón con patas.

Un viaje en autobús entre dos puntos de Escocia que qué más da cuales fueran, pero que me valieron algo tan especial que sobrevivió al tiempo, la distancia, las diferencias, los silencios… algo que llama de vez en cuando a las tres de la mañana para intercambiar latidos y quitarle las telarañas a las pasiones.

Me recuerda a ti que estás en todas mis canciones, sí, en todas estas que no te gustan, pero que escuchas a mi lado sólo porque intuyes lo que me hacen sentir. Siempre tan distintas, y sin embargo tan parte la una de la otra que creo que moriría si desaparecieras de mi vida.

Las grandes conversaciones divagando, aunque casi nadie entienda sobre qué. Bien regaditas de sangría Don Simón (como debe ser). Y aliñadas por supuesto con la mejor de las compañías.

A veces incluso me devuelve a una noche en el Burger en la que empezó a sonar e intenté explicar lo que significaba para mí. Me faltaban las palabras, pero creo que mis ojos me delataron. Y lo mejor, es que creo que pudiste leer en ellos.

Me habla de todos mis fracasos de una manera tan dulce que casi se me escapan las lágrimas, me recuerda el dolor que quedaba bajo la comprensión, las medias sonrisas que te ocultaban un no. Y luego me pinta las paredes con estrellas que se ríen a carcajadas para que la tristeza no duré más que medio instante.

Dice tanto, tanto, tanto, que casi la llevo escrita en la piel, que sus notas se cuelan en mis suspiros, que me cuenta mi vida cada vez que el modo aleatorio la desparrama por mi habitación. Creo que hace mucho que esa canción dejó de ser de quien la compuso para pasar a ser mi canción.

¿Sabes de lo que hablo, no?





“He buscado en los desiertos de la tierra del dolor
Y no he hallado más respuesta era que espejismos de ilusión.
He hablado con las montañas de la desesperación
Y su respuesta era sólo el eco sordo de mi voz…”

jueves, 4 de diciembre de 2008

Inexorable

jueves, 4 de diciembre de 2008
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Cuando los campos se marchitan, las amapolas sangran...




Madre: He de estar serena. Porque vendrán las vecinas y no quiero que me van tan pobre. ¡Tan pobre! Una mujer que no tiene un hijo siquiera que poderse llevar a los labios.

(Aparece la Novia. Viene sin azahar y con un manto negro)

Vecina: ¿Dónde vas?

Novia: Aquí vengo.

Madre: ¿Quién es?

Vecina: ¿No la reconoces?

Madre: Por eso pregunto quién es. Porque tengo que no reconocerla, para no clavarle mis dientes en el cuello. ¡Víbora! (A la vecina) ¿La ves? Está ahí y está llorando, y yo quieta sin arrancarle los ojos. No me entiendo. ¿Será que yo no quería a mi hijo? Pero ¿y su honra? ¿Dónde está su honra? (Golpea a la novia y ésta cae al suelo).

Vecina: ¡Por dios! (Trata de separarlas).

Novia: (A la vecina) Déjala. He venido para que me mate y me lleven con ellos. (A la madre) Pero no con las manos; con garfios de alambre, con una hoz, y con fuerza, hasta que se rompa en mis huesos. ¡Déjala! Que quiero que sepa que yo soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos.

Madre: Calla, calla, ¿qué me importa eso a mí?

Novia: ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua fría y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos.

[…]

Bodas de Sangre. Federico García Lorca

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Mátame, mátame mucho

miércoles, 3 de diciembre de 2008
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“And all men kill the thing they love.
By all let this be heard,
Some do it with a bitter look,
Some with a flattering word,
The coward does it with a kiss,
The brave man with a sword!”




Extracto de la Balada de la cárcel de Reading. Oscar Wilde


Decía el gran Oscar Wilde que el hombre acaba por matar todo lo que ama, y no le faltaba razón, pero lo que olvidó añadir es que cuando no lo hace acaba muriendo por ello.

Todo lo que nos cala nos debilita, para bien o para mal. La vulnerabilidad abre las puertas más profundas del alma, nos arranca la piel para mostrarnos mejor, pero nos deja expuestos y frágiles, dispuestos a hacernos añicos con el próximo soplo del viento. ¿Pero qué sería de nosotros si siempre nos quedásemos ocultos a la sombra de nuestros escudos? Pues una vez más saldríamos ilesos. Pero ilesos y vacíos.

Así que a fin de cuentas todo es matar o morir. Víctima o verdugo, no quedaron más papeles en esta tragicomedia. Y mientras representemos por igual ambos roles seguiremos en pie, sufriendo a veces, hiriendo el resto, intentando una vez más mantener el equilibrio.

Qué injustas son algunas verdades, saber que apuñalamos aquello que queremos, y eso tan sólo cuando reunimos el valor para traicionar con puñales, porque más triste aún es matar huyendo, sin anestesia ni perdones. Pero no me juzgues por las veces que estuve en el bando equivocado, sólo era para compensar las veces que morí desangrada mientras tú salías corriendo.


martes, 2 de diciembre de 2008

Versiones a quemarropa

martes, 2 de diciembre de 2008
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Con toda la sencillez que tienen las cosas bonitas. Reinventando lo viejo, rellenando sus arrugas con encanto. Suave como el humo, fuerte como un disparo. No sé que tiene esta canción (y el correspondiente vídeo) que me llena y me vacía a su antojo. Será que siempre me han gustado las cosas que me remueven por dentro... esto debe ser aquello de "sentir fuerte".

Como yo te amo, nadie te amará.

Si yo quisiera y tú te dejaras, claro.

lunes, 1 de diciembre de 2008

El arte de la casualidad

lunes, 1 de diciembre de 2008
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Otra vez me he tropezado con la casualidad, en un dulce instante de imprevisión. Y esta vez venía cantando una canción de Bob Dylan y hablando de cine. Otra vez ha salido escondida de una esquina en mitad de una noche invernal, mientras yo me asomaba entre las mantas para ver surgir de nuevo diciembre.

Como parte del trato le he regalado otro fragmento de azar:

"Cuando hace frío la mayoría de las cosas van más deprisa, o llegan antes, me refiero a las casualidades. Me encanta que haga frío... Una tarde de mucho frío leí una pregunta de amor demasiado bonita para la letra de un niño. Aquel mensaje lo tenía que compartir, no sabía que hacer con el..."



Los amantes del círculo polar. Julio Médem