Me mentiste al decirme que sólo había dos círculos en tu vida. Cada vez que doy un paso descubro uno más, un nuevo nivel, un nuevo grado de profundidad. Conforme pasa el tiempo te pareces más a un árbol viejo, lleno de anillos, lleno de historia, de savia viva y palpitante.
Y yo me siento el agua de lluvia que te moja las hojas, la que se desliza por tu tronco hasta el suelo buscando tus raíces y recorre tu cuerpo por dentro. Dándote de beber. Ascendiendo dentro de ti. Desperdigándome por todo tu ser, volviéndome marea para llegar más lejos, para regar tu fe de la misma manera en que tus manos riegan la mía.
Sabes… siempre he pensado que Harrison se equivocaba, no todo debe pasar. Lo auténtico, aunque no sea lo mejor, debería quedarse, sedimentar en nuestra vida, porque sino un día nos despertaremos lo suficientemente equivocados como para pensar que sólo tenemos derecho a ser pasajeros.
Si el mundo aprendiera a sentir la mitad de lo que Félix Grande escribe no habría más guerras que guerras de besos, ni más batallas que las que pudieran librarse encima de un colchón. Si el mundo aprendiera a sentir la mitad de lo que siente mi piel al envolverse en sus palabras no habría más llantos que gotas de sudor naciendo de las mejillas, ni más crisis que la de un hueco libre en cualquier corazón.
“Mi recién conocida Loba no nos pidamos groseras garantías.
Que dure un día un año un mes es lateral en el amor que se acabe es su precio que duela luego es su victoria
Seamos servidores del amor y jamás sus contables cierto que viene para irse
Al próximo que diga que el mundo es pequeño pienso cortarle en centímetros todos estos kilómetros, y luego hacerle beber cada uno de los segundos que me hacen despertar sedienta... sola y sedienta...
Yo no sé a ti, pero a mi se me saltaron las lágrimas, de alegría, de pura tensión, de tantas ganas de ganar que habíamos acumulado. Está bien que de vez en cuando que una cosa tan sencilla como un balón pueda tener tanta poesía…
Dicen que los cambios son la base de nuestra existencia, lo que nos catapulta siempre hacia nuevos retos, lo que rompe nuestro horizonte y nos obliga a salir del letargo de nuestra feliz rutina. Dicen que nuestra capacidad de adaptarnos a ellos estará siempre ligada a los niveles de felicidad a los que podemos optar, que es necesario no tener demasiado apego a lo que tenemos, que hay que querer a las personas con fecha de caducidad. Dicen que todo sirve para crecer, para aprender algo nuevo, para desarrollar nuevas capacidades. Pero ¿qué pasa cuando todo funciona ya? ¿qué ocurre cuando sientes que estás en el lugar apropiado? ¿dónde ir cuando esa habitación azul dice que ya tienes todo lo que deseas?
Pues sucede que te vas, a donde toque, a cualquier casa vacía, a la que antes o después acabarás por llamar hogar. Y te adaptas, suples las carencias que la vida te deja de la mejor manera que puedes. Pero mientras toca añorar un poco lo que tenías, al principio con pena, luego con fe en que esa tristeza se convierta en un recuerdo cariñoso, y poco a poco vas llenando el agujero negro que sientes dentro del pecho.
Pero tan poco a poco que todavía sigo girando las manecillas del reloj por si podemos ir hacia atrás…
Me encanta ese instante en el que todo el violeta del cielo descarga sobre mi ventana... Gota a gota estallando en los cristales, pidiendo a gritos que suba los toldos, que abra los postigos, que deje que la humedad polinice toda la casa con su olor... hasta que me crezcan tormentas en las almohadas.
- Le puedo dar un certificado médico –dijo el doctor Hasselbacher.
- ¿Usted nunca se preocupa por nada?
- Tengo una defensa secreta, mister Wormold. Me intereso en la vida.
- Yo también, pero…
- A usted le interesa una persona, no la vida, y la gente se muere o nos deja…, lo siento, no me refería a su mujer. Pero si a usted le interesa la vida, nunca le defraudará. Me interesa la azulinidad del queso. A usted no le da por los crucigramas, ¿verdad, mister Wormold? A mí sí, son como las personas: se llega al fin. Puedo terminar cualquier juego de crucigramas en una hora, pero tengo un descubrimiento respecto a la azulinidad del queso que nunca llegará a una conclusión…, aunque uno, por supuesto, sueña con que llegue un momento… Algún día tengo que mostrarle mi laboratorio.
- Tengo que irme Hasselbacher.
- Debería soñar más, mister Wormold. La realidad en nuestro siglo es algo que no debe afrontarse.
Extracto de "Nuestro hombre en La Habana", de Graham Greene
Déjame, pensamiento, déjame, mañana seré tuyo, volveré a ser tu presa. Pero hoy, mientras la luz araña en los árboles y pide una oportunidad, quiero que me recoja la inútil primavera.
A la casa del frío regresaré mañana, cuando el tiempo exponga sus razones y el corazón pregunte lo que falta por ver, cuántos latidos pueden quedarle para detenerse.
Luis García Montero
Gracias Luis por rescatarme siempre del pozo seco de las palabras, por ser la cadencia necesaria para estas noches insomnes, sudorosas y difíciles de principios del verano.